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Los incendiarios, en el teatro Compositores

Armando de Maria y Campos

    Ejemplo claro y preciso de lo que debe entenderse por teatro experimental es la pieza de Max Frisch Biedermann unddie Brandstifter, en dos actos y siete cuadros, que con el título de Los incendiarios presenta en el teatro Compositores el grupo Teatro Contemporáneo Independiente, que dirige el veterano Fernando Wagner, auténtico maestro de las artes del teatro.
Max Frisch se representa por primera vez en México. Frisch junto con Friedrich Dürrenmatt pertenece a la vanguardia teatral de Suiza, aunque los dos escriben en alemán. Nació en 1911 y es arquitecto y periodista, carreras opuestas que él ha sabido enlazar. Hasta donde alcanzan mis apuntes ha estrenado Santa Cruz, en 1944; El muro chino, en 1945; Don Juan o el Amor a la geometría, original versión sobre el tema donjuanesco y Andorra, en 1962; que es una violenta acusación contra la persecución racial que ha logrado impacto iracundo en Europa. El burgués y los incendiarios fue estrenada en 1960, y es una farsa muy divertida que trata un problema serio, común a todos los países de la tierra: el burgués que por miedo, para conservar su comodidad y por su premeditado sentido de la compasión, ayuda siempre al perverso causando su propio aniquilamiento. Frisch dice que su farsa es "didáctica sin enseñanza". Y no es paradoja, porque nos muestra que la situación del burgués pasivo por no estar comprometido es mucho más peligrosa de lo que puede creerse. Los burgueses cierran los ojos pensando que no puede ser lo que no debe ser. No basta bajar el telón de los párpados para que en el mundo no pase nada.

    Pasan muchas cosas que el burgués no quiere ver. Frisch emplea como medio de expresión un diálogo naturalista, pero en realidad su obra está fuera del naturalismo burgués, que nació con Ibsen. Emplea el recurso del coro con un grupo de bomberos que acompaña y comenta la acción, y le marca una línea de severidad a la farsa. Si quisiéramos situar a Frisch en un sitio preciso y lógico, lo hombrearíamos con el teatro de Brecht y, desde luego, con el de Dürrenmatt, que lleva su preocupación no a producir impresiones emotivas sino a provocar la reflexión intelectual en los espectadores al presentar problemas de actualidad. Max Frisch escribe el teatro de su tiempo.
    El director Wagner, que sustenta su actividad de maestro y de constructor de interpretaciones teatrales a las más severas disciplinas, ha logrado que su grupo actúe en equipo, perfectamente sincronizados emociones y caracteres, logrando una realidad impresionante en cada uno de los personajes, parte de un conjunto irreprochable.
    Farnesio de Bernal se muestra gran actor y no menos excelentes intérpretes Ignacio Sotelo y Claudio Obregón, y Javier Marc en la voz del Corifeo. Muy justas y emotivas Rosa María Caloca y Marisela Olvera, igual que Elizabeth Montaut, y Gilberto Pérez Gallardo, César Sobrevals, Carlos de Pedro y Agustín López Zavala integrantes del entonado y disciplinado coro. La elemental escenografía de Marcela Zorrilla, funcional dentro del género impresionista, cumple con la obra.