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Teseo de Carballido, en el teatro Xola

Armando de Maria y Campos

    El cronista se encuentra, como el ciudadano del mundo, entre dos mundos, pero no a elegir, sino para participar en ambos. El del teatro comercial, y el otro que hacen el IMSS, el INBA y la Universidad. El IMSS que persigue la difusión del teatro moderno de alta calidad encargó dos obras en un acto a sendos ilustres autores mexicanos, con tema clásico griego una, con histórico legendario mexicano la otra.
   Emilio Carballido, laureado en México y fuera de él, recreó la leyenda ateniense de Teseo hijo de Egeo, rey de Atenas, y, hombre de partido, porque es ciudadano de un mundo definido, le inyectó a su Teseo un mensaje político contemporáneo. Todos los tiranos son monstruosos "minotauros"; todos los políticos triunfantes pueden ser vehículos para la transferencia de las tiranías. Imaginación, ternura y poesía puso en su Teseo -un acto condensado en cuatro escenas macizas- Emilio Carballido, y sin apartarse de la leyenda, logró como tantos autores clásicos una pieza con intensidad original y vibración personal. Conviene para el lector profano, recordar brevemente la leyenda ateniense. Teseo fue hijo de Egeo y de Etra, hija del rey de Trezene. Antes que naciera su padre escondió una espada y unas sandalias bajo una enorme piedra, y le dijo a Etra que si daba a luz un hijo capaz de levantar la piedra y hacerse de los regalos, que lo mandara secretamente a Atenas. Creció Teseo y pudo levantar la roca fácilmente, y con la espada y las sandalias se encaminó a Atenas. Poco después de encontrarse en dicha ciudad, Medea, que se había desposado con Egeo se dio cuenta del origen de Teseo y trató de envenenarlo. Al desenvainar Teseo la espada, Egeo lo reconoció y lo proclamó su hijo y sucesor.

   Anualmente Atenas pagaba un tributo de siete jóvenes y siete doncellas al rey Minos, de Creta, que se entregaban al Minotauro, monstruo mitad toro mitad hombre que vivía en el Laberinto, un edificio de torcidos corredores y desordenados pasillos. Teseo ofreció embarcarse con las víctimas y exterminar al Minotauro. El barco zarpó con velamen negro que Teseo prometió cambiar por blanco si salía victorioso.
    Al ver a Teseo, la hija de Minos, Ariadna, se enamoró de él. Le regaló una madeja de hilo que debería de emplear para escapar del laberinto. Teseo dio muerte al hombre toro y logró regresar por los sinuosos pasillos siguiendo el hilo y volvió a Atenas -en la pieza de Carballido con Ariadna y Fedra-, pero olvidó arriar las velas y cambiarlas por blancas. Egeo, creyendo que su hijo había muerto, se arrojó al mar que luego se llamó mar Egeo.
    Carballido no podía ceñirse a la leyenda. Su gran calidad de comediógrafo, su potencialidad poética creadora, lo condujeron a crear una hermosa pieza, bien construida y dialogada con fantasía, imprimiéndole contemporaneidad indiscutible y oportuna. Tierna e irónica se desliza por el interés del público como barco al que ayuda viento propicio.
   El IMSS presentó, casi un milagro teatral, a un actor cuajado en la persona y en el talento del primerizo Alberto Sayán, que cumplió ampliamente, secundado por Antonio Gama, Meche Pascual y Marta Verduzco. La dirección de Salvador Novo, fresca y transparente como una brisa marina. La escenografía de Julio Prieto, digna por su sencillez y poesía de la leyenda ateniense.
    Mañana estaremos con la pieza de tema legendario de Novo, Cuauhtémoc.