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Estreno de Amor al revés es Roma, en el teatro de Los Insurgentes

Armando de Maria y Campos

    Si el cronista tuviera oportunidad de presenciar en el extranjero los grandes éxitos teatrales que meses o años después llegan a nuestros escenarios, estaría en condiciones de establecer comparaciones nada odiosas, y desde luego necesarias. Porque no le cabe en su magín de periodista reducido a los límites del Valle de México que piezas como la titulada Something happened to the way of the forum, libreto de Burt Shvelove y Larry Celbart, música de Stephen Sondheím, resulten en español eso que en el título de Amor al revés es Roma, presenta Robert W. Lerner en el teatro de Los Insurgentes de la ciudad de México, según traducción de Francisco Córdova y cantables de Julio Porter. Aquél, seguramente, es un gran espectáculo; éste, una bufonada pobremente presentada regularmente vestida, mejor diríamos escasamente vestida porque parece que no hay más propósito que el de presentar en bikinis a media docena de mujeres que no son capaces de realizar otra actividad en escena que la de exhibirse, generosas de sus pasajeros encantos primaverales, que no hablan ni bailan y cuya máxima aspiración es lucir aquella rotunda parte del cuerpo en que termina la columna vertebral.
    El tema es, en su entraña, interesante. La historia de un dia en una calle de Roma, frente a tres casas, una de ellas un lenocinio, doscientos años de la Era Cristiana y, para ser más precisos, y justificar mejor la acción, un dia de primavera; pero qué deprimente coctel de vulgaridad y bufonería, de chistes manidos o corrientes, de texto insulso, de cantables sin intención, de música mediocre y ajena a la característica indispensable para las comedias musicales, que

es la melodía frívola y fácil al oído que, como todos los sentidos, tiene memoria.
    Amor al revés es Roma queda convertida en una farsa circense, en la que se desvanece, entre las luces de un crepúsculo de vivas insinuaciones, la auténtica calidad artística de algunos de sus estimables intérpretes con categoría artística. Carreras, entradas y salidas y quid pro quos pueriles y un constante propósito de proyectar en el firmamento del lenocinio a un grupo de muchachas que van y vienen por la escena, semidesnudas. La presentación del joven cantante Enrique Guzmán es evidente que frena su brillante trayectoria de astro disquero.
    Otro tanto podría decir el cronista de la señorita Leda Moreno, más verde como vedette que un trozo de prado inglés. Ortiz de Pinedo y Pancho Córdova hacen el clown; se muestra actor ponderado Ciangherotti y la comicidad de Arturo Cobo alcanza aciertos esporádicos; Isabel San Román luce su belleza en la edad del fruto maduro y Salvador Quiroz, pese a su buena voluntad, no es el buen cantante que todos reconocemos, ni hace gracia... como gracioso.
    Es evidente que el gusto del público de México se ha estregado o que hay público para todo porque, en contra de nuestra experiencia y nuestra sensibilidad, cientos de espectadores muestran su satisfacción ante el pintoresco espectáculo a que ha quedado reducida la comedia musical Something happened to the way of the forum, que relata con ágil picardía remotos tiempos romanos, hace cuatro mil años, con una calle alegre y unas costumbres desenfadadas y, tal vez, deliciosas.