Resaltar búsqueda

Una bomba llamada Abelardo, en el teatro Ofelia

Armando de Maria y Campos

    No tengo a la mano de la memoria la fecha exacta en que fue estrenada la pieza de Alfonso Paso, Una bomba llamada Abelardo en el pequeño teatro, ya desaparecido, nombrado Jardín, en la calle de Edison de esta ciudad. En aquel entonces los cronistas de teatro en general consideramos estas representaciones como informales, no profesionales y comerciales, y les concedimos escasa importancia al estreno de esta farsa que fue dirigida por el entonces incipiente director teatral Oscar Ledesma. Esto ocurrió en 1958.
    Ahora la compañía que encabeza Bárbara Gil y Miguel Córcega que actúa en el teatro Ofelia, presentó esta pieza con la categoría de estreno, sin tener en cuenta la experiencia negativa que Una bomba llamada Abelardo había logrado en ocasión de ser presentada por artistas de escasa profesionalidad.
    En una reciente biografía de Alfredo Marqueríe titulada Alfonso Paso y su Teatro, aparecida en Madrid en 1960, se le da una extraordinaria importancia a esta farsa del fecundo autor madrileño. El autor confiesa que después de una visita a la Casa de Fieras, de Madrid, nació la idea genial de llevar al teatro a un mono capaz de crear una bomba que acabara con Europa en varios segundos. "Tardé más de treinta días en

planear Una bomba llamada Abelardo, por cierto muy cuidadosamente, con gran detenimiento, cosa ésta que constituye un gracioso ridículo que me acusaron, como siempre, de precipitación y premura de exceso de facilidad, fecundidad y fecundia".
    Observada esta farsa de Paso con objetividad fría y ajena a los dimes y diretes del mundillo teatral madrileño, estimamos que apenas si llega hacer un coleo -o la cola- del teatro de astracán de Muñoz Seca. Absurda y con personajes totalmente artificiales. Lo que Paso estima como un acierto: la madrileña que habla con trozos de cuplés, es una consecuencia de la opereta sin música de Muñoz Seca Los extremeños se tocan. El resto de la comedia es Jardiel Poncela sin disimulo. Consecuencia: esta farsa no resulta interesante para el público de México.
    La interpretación es correcta, dentro de lo que se puede lograr con este género de teatro. Tipos bufos todos, desempeñados algunos por actores que no poseen el don de la gracia teatral. Bárbara Gil que además de oficio está bañada de simpatía e inteligencia, compone con singular esmero su personaje de vicetiple castiza con asaura. Es estimable el esfuerzo de Miguel Córcega como actor y director, ojalá no resulte estéril.