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Para quienes gusten del teatro de humor, no es desconocido el nombre de Alfonso Anaya B., autor de Despedida de soltera, pieza que salió hecha a la medida de la actriz toda simpatía que fue Carmen Prieto, conocida en los medios artísticos por la Chula Prieto, que ha sido vista y reída en incontables funciones en la ciudad de México y en la república y de alguna otra pieza con menos aciertos cómicos. Anaya ha escrito una nueva pieza titulada Lío de faldas, en la que intervienen siete mujeres y un hombre. Anaya es un autor humorístico. Posee un humor teatral propio que poco a poco se va imponiendo en nuestro ambiente teatral. Humor es, como se sabe: genio, índole, condición, especialmente cuando se da a entender con alguna demostración exterior. En el caso de Anaya, el teatro. Anaya posee un humor fácil que lo lleva a crear chistes, enlazándolos, encadenándolos, vertebrándolos de tal manera que uno es consecuencia del otro hasta límites imprevisibles. Son chistes fáciles, que uno no sabe si ya ha oído, pero que no dejan de hacer gracia porque resultan oportunos en un diálogo que carece de médula, que es pretexto para un tiroteo de frases con aire de chiste o de chistes que vuelan y zumban por el aire con la monótona insistencia de terca avispa. Nadie en México para hacer chistes como Alfonso Anaya, pero siempre que los chistes sean una especie de piqueteo de alfileres entre mujeres jóvenes, amigas o compañeras entre sí, que al parecer se estiman, y no cesan de lastimarse con frases hirientes que no carecen de gracia o de ironía. ¿Es esto hacer teatro? Propiamente, no. Anaya toma cuatro, seis o siete muchachas en la plenitud de su primavera, las supone ingeniosísimas y las suelta en escena para decir chiste tras chiste, sin que ninguno de los que cada una de ellas dice |
revele nada de su propia personalidad. Los chistes de las quince o veinte mujeres que Anaya ha inventado para el teatro pueden estar en boca de una o de otra, y en todas están bien; son fáciles y oportunos, pero no revelan o definen a la persona que los dice con el gracioso borboteo de una fuente de tramoya.
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