Tres son las piezas más populares de Rodolfo Usigli, ilustre biógrafo y dramaturgo mexicano, a quien se le tiene por el mejor autor teatral mexicano de su generación. Yo abundo en este juicio y creo más, porque la calidad de la producción teatral de Usigli rebasa las fronteras nacionales y salva las distancias marítimas. Creo que todavía no ha aparecido el autor de habla castellana en España y en Hispanoamérica que supere a Rodolfo Usigli. De las tres obras famosas a que me refiero, El niño y la niebla es la más universal sin por esto dejar de ser mexicana. Tiene de mexicano El niño y la niebla, lo mismo que lo criollo de Nueva España que hay en la obra general de Juan Ruiz de Alarcón hace al corcovado nacido en Taxco autor de México en pleno Siglo de Oro y para siempre jamás. Juan Ruiz de Alarcón y Rodolfo Usigli coinciden en lo mexicano, porque llevan a su teatro la esencia de la tierra en la que nacieron y crecieron hasta madurar física e intelectualmente.
La reposición de El niño y la niebla en el teatro Fábregas, constituye un verdadero estreno para la generación actual, que tanto oye hablar de Usigli y tan poco lo ve representado. El gesticulador, es la pieza suya que con frecuencia se representa de las tres que considero como sus mejores, y muy poco Corona de sombra, por dificultades técnicas de presentación. El niño y la niebla es una auténtica pieza dramática. El planteamiento del conflicto mantiene unidad de principio a fin, la emoción y el interés se mantienen vivos durante los tres actos, los caracteres están firmemente trazados y los diálogos, entrañables, como salidos de la misma entraña de la acción. El niño y la niebla, es una |
de las piezas de Usigli que con mayor vigor resistirán el paso implacable del tiempo.
Lo nuevo, esta vez, es la interpretación. Vuelve a encarnar la figura femenil central de este drama, estrenado el 6 de abril de 1951, nuestra gran actriz Isabela Corona, representativa de una generación de actores que ha sido superada, a veces con ventaja, por métodos o técnicas más actuales. Pero Isabela continúa siendo gran actriz dramática, muy personal ella y con su propio temperamento natural más acendrado, como lo demostró ampliamente en los diálogos finales del tercer acto.
A la generación de actores que sigue a la que perteneció con calidad cimera Isabela Corona, pertenecen Guillermo Zetina, que se inclina por una naturalidad que en ocasiones se ahoga en un drama por el que pasa un helado aire de tragedia griega; Zetina, sin embargo, sabe crear el clima propicio para el contraste, y en todo momento se muestra excelente actor; Carlos Navarro, que actúa con ponderación y todavía a otra generación más reciente, Carlos Becerril, creando un personaje difícil que, en ocasiones, lo desborda, es decir, lo saca emocionalmente de su cauce previsto. Mario Orea se encuentra un poco fuera de la situación dramática normal a esta anécdota y Socorro Avelar cumple con su paso por la escena en un personaje episódico.
El director Dimitrio Sarras no mexicano por cierto, supo darle un clima criollo a la pieza de Usigli, enriqueciendo la acción con fondos sonoros. La presentación de El niño y la niebla, es en general, digna de esta temporada de teatro mexicana. |