Es dos veces extraordinario, y por esto merece el calificativo de maravilloso, el conjunto coreográfico sobre hielo, de origen alemán, Wellmann, de visita en México, que se ha presentado en el Auditorio Nacional de la Unidad Artística y Cultural del Bosque de Chapultepec. Extraordinario como ballet sobre hielo y extraordinario también como conjunto coreográfico. Ballet auténtico; coreografía con técnica clara y precisa y, todo, sobre la pista congelada, en un alarde de maestría coreográfica y de deporte sobre hielo.
Se explica lo extraordinario de este espectáculo porque sus principales intérpretes son campeones de esta difícil especialidad en la que participan por igual el arte coreográfico y la destreza deportiva. Todos ellos proceden de países nórdicos y si entre las principales figuras se encuentran Lloyd Lowelcke, campeón de los Estados Unidos, y Tony Gander, campeón italiano, y alguno nacido en Sudamérica -cuyo nombre no pudo retener mi memoria- seguramente llegaron a dominar esta difícil actividad coreográfica de patinaje en pistas alemanas o escandinavas. Danzan con el profundo sentido que tiene el arte de danzar como si hubieran nacido con patines o como si la redondez de la tierra estuviera cubierta de hielo. Son extraordinarias las primeras figuras de este Arco iris en el hielo; Lotar Muller, campeón de Europa; Rosel Pettinger, campeona alemana; |
Sonke Jensen, campeón de Dinamarca; Dieter Langer, campeón alemán junior; Los Frederico, campeones austriacos; Ute Grunert, campeona de Berlín; Brigitte Wagner, campeona alemana junior; Abel Montheil, Rita Blumenberg, Werner Mensching y, sobre todos, la pareja de campeones suecos, Steve y Topsy, prodigiosos maestros, de una elegancia y de una precisión que sólo otorga un espíritu creador y disciplinado.
La primera parte simula un espectáculo circense y es prodigioso, con barristas, trapecistas, zoológico amaestrado y payasos para grandes y chicos. La segunda parte podría ser, sin patines, un auténtico ballet de gran categoría. ¡Imagine el lector a grandes bailarines patinando! El espectador se estremece de asombro por la riqueza y el buen gusto del vestuario y el tesoro realmente fantástico de la coreografía. Es digno este espectáculo de las grandes capitales del mundo y está dirigido, por igual, a espectadores de gusto depurado y a la gran masa que se conmueve ante el milagro de la maestría convertida en belleza.
México debe hacerse digno del gran espectáculo que nos visita interesándose por él, comprendiéndolo en su gran valor artístico y deportivo y premiándolo con el cálido aplauso que todos y cada uno de sus componentes merece.
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