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Se calumnia al mexicano cuando se afirma que es un pueblo sin memoria. Lo cierto es que los mexicanos en general, olvidamos lo que no vale la pena recordar o aquello que no nos interesa. Los cronistas teatrales formamos la excepción, en el caso de que fuera un hecho la falta de memoria de los mexicanos. Al levantarse el telón del teatro Jorge Negrete la noche del viernes, a las pocas palabras que pronunciaron los actores nos dimos cuenta de que la pieza Amor, jabón y fantasía, en tres actos, de Claude Magnier, según traducción de Irma Terragnuolo y adaptación de Alfredo Varela, que se anunciaba como estreno para esa noche, es la misma que con el título de Sí, mi hijita linda, fue puesta en el teatro Arcos Caracol hace meses, según traducción y adaptación del señor Raúl Zenteno, de larga fama en nuestro ambiente teatral, por la forma desenfadada y cínica con que ha venido actuando desde que se le permitió la estancia en México. En aquella ocasión actuaron Francisco Müller, Manuel Castro Arozamena, Lupe Rivas Cacho, Consuelo Guerrero de Luna y creo que una modelo llamada Mary Ellen. |
Al cronista no le importa el barullo que en materia de registros de traducciones pueda existir en la Unión Nacional de Autores, ni le importa aclarar si el señor Zenteno o la señora Terragnuolo defraudan al señor Magnier. Lo grave es la burla al público y la ignorancia que los traductores (?), adaptadores, productores y actores tienen de lo que ocurre a nuestros escenarios. |