Desconozco la obra original de Ladislao Fodor, autor de origen húngaro, de la que Edgar Neville se sirvió para recrear una comedia que con el título de Marramiau destinó a la compañía que él dirige en Madrid y de la que es primera actriz su esposa, la notable y versátil actriz Conchita Montes. Ladislao Fodor es un autor larga y repentinamente representado en España, porque sus piezas poseen originalidad picaresca y un aire de frivolidad y buen humor que las hace útiles para el teatro comercial.
Cuando Francia y sus autores de teatro sufrían la depresión moral que provocó en toda Europa la guerra del 14 al 17, el buen humor y el ingenio para crear situaciones frívolas e intranscendentes pasó a los autores húngaros, que se hicieron los amos de este género. Sus obras frívolas se representaron en todos los teatros de Europa y de España y llegaron a México puestas en nuestro idioma común con la brevedad del barco. México conoció todo el repertorio de Molnar y la mayoría del de Fodor. Desconocíamos esta pieza que Neville tituló Marramiau, palabra que parece ser la síntesis del elocuente lenguaje amoroso en que se entienden los gatos. Fodor imaginó que una hogareña y a la vez aventurera gatita se convertía en mujercita por un fenómeno de transmigración de almas, porque, cumplidos los cinco mil años en que su espíritu debía habitar el cuerpo de una gata volvería a dar vida a una mujer enamorada. Un juego de niños y una comedia para |
grandes que quieran reírse y pasar un rato divertido a la vez. Eso, y nada más, es Marramiau.
La comedieta está construida con la mano maestra que hace treinta años se le reconoció a Fodor y fue puesta en español con la agilidad frívola que nadie desconoce al autor de El baile. Así, el espectáculo que se presenta en el teatro Ofelia es encantadoramente delicioso.
Todo esto si se tiene en cuenta la actuación de Bárbara Gil, que está encantadora y agradable en grado superlativo como la mujercita de alma de gatita enamorada, mimosa, coqueta, ingenua porque acaba de nacer como mujer después de haber sido gata 5,000 años, y dispuesta a defender al hombre que el destino que mueve las vidas de hombres y animales, le señaló para algunos años de compañía, y no sólo con sus uñas, características de las gatas, sino con su corazón, víctima de las más ingenuas vibraciones del amor. Con esta interpretación Bárbara se consagra como una de las mejores actrices del año.
Miguel Córcega, el galán afortunado -director y productor al mismo tiempo-, da un paso más en firme en su carrera de primer actor y actúa con la difícil naturalidad que sólo da el dominio paulatino del oficio. Marcela Daviland luce elegante y como estimable actriz, Yisela Yardux deslumbra un momento con la escultura maravillosa de su cuerpo y Alberto Galán se muestra el buen actor que ha sido siempre.
La escenografía de Jesús Berrospe llena de imaginación de buen gusto y funcional.
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