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Tuve como compañero de butaca durante la representación de la comedia en tres actos Yo las prefiero morenas, de Roberto Lamoreaux, traducción de Julián Duprez, a un viejo aficionado de toros y antiguo amigo mío que compartimos juntos grandes tardes de la más bella de todas las fiestas: las corridas de toros. Mediado el segundo acto me dijo: -¿No se acuerda usted de la copla de Pepe Moros? -Claro, repuse; aquella que dice: Ya lo dijo Pepe Moros, aquel comerciante en cueros, cuando hay toros no hay toreros, cuando hay toreros no hay toros... Con esto quería decirme, vox populi, vox dei, que cuando tenemos la fortuna de hallarnos con una buena comedia, faltan los intérpretes. ¡Tantas veces ocurre lo contario! |
Pero... el personaje del galán afortunado fue repartido al gran actor cómico Emilio Brillas que, supongo, carece de la presencia física del hombre afortunado con las mujeres. Estas son muy caprichosas y, en último término, serán las que decidan. Pero desde el punto de mira de la ficción teatral creo que hay equivocación, con el resultado de que Emilio Brillas es el Emilio Brillas de siempre, convirtiendo el gallardo y calavera personaje en un caricato; a la misma altura tiene que estar Guillermo Orea. En contrapunto, Manuel Zozaya y Ballano Bueno habitan con toda sobriedad sus personajes de esposos. ¿Qué decir de las morenas? Muy guapas las cuatro esposas, aunque de distintas edades. Vianey Lárraga luce espléndida, pero aún no madura como actriz. Aurora Segura, tan alejada de los escenarios, cumple. No se puede decir más, en justicia, de Guillermina Téllez Girón. Tenemos reservado un cálido elogio para la linda ingenua que hace Marina Marín. Doña Isabel Blanch es el vivo ejemplo de lo que ya no se puede hacer en el teatro. Con todo, la divertida comedia Yo las prefiero morenas proporciona dos horas de grato espectáculo, porque yo, lector, también me inclino por las morenas... ¿Y usted?
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