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Los peligros de la pureza en el teatro Cinco de Diciembre

Armando de Maria y Campos

    Hace varios años que rueda por las contadurías teatrales una pieza de Hugh Mills que su traductor don Eleazar Canale tituló Los peligros de la pureza. Pertenece la traducción y adaptación a aquella época del vodevil delirante, cuya atracción se iniciaba por el título y concluía con el desnudo a como diera lugar. Esta pieza de Mills no es, ni con mucho, vodevilesca. Es, simplemente, una comedia tonta con aspiraciones a convertirse en graciosa. Una aristócrata inglesa educa a su unigénito tan cosido a sus faldas que llegado el momento de tomar esposa y hacerla su mujer, no sabe qué hacer con ella. La madre recurre a una antigua amiga, viuda de un francés, para que le enseñe algo a su hijo. Y le enseña todo.
    A lo largo de esta pueril anécdota corren otras más insignificantes aún, como la del tío al que el gobierno británico le regala el virreinato de la India, la de un postulante a la mano de la aristócrata inglesa, etcétera. Nada, en verdad. Trabajo estéril el del señor licenciado Canale;

trabajo estéril el de los empeñosos intérpretes, tan... empeñados en sacar adelante la pieza que la convierten en farsa y tratan de hacer reír al público a como dé lugar. Que la empresa tomó en serio la representación de Los peligros de la pureza, lo revelan la suntuosidad y la propiedad del vestuario, y la riqueza de la escenografía. Pero esto, que viste a una obra, no influye en la interpretación ni en el mérito de ella.
    La interpretación, como dije, desbordada. Blanca de Castejón, gran actriz cómica, a veces se ciñe al personaje y a veces se abandona a la locura y a su ejemplo hace lo mismo Banquells, no se puede contener Antonio Bravo, y Ortín repite sus tics cómicos característicos. La única que actúa conforme lo requiere su personaje es Dina de Marco, que luce con singular aplomo y gracia los trajes de época que le dan carácter a su personaje. Cumplen Marina Isolda y Blanca Torres en tanto que el público ríe, porque estas representaciones sólo pasan si se toman con buen humor.