Una gota de miel de Shelagh Delaney, en el teatro del Granero Armando de Maria y Campos |
Con el patrocinio del Instituto Nacional de Bellas Artes, don José Hernández Díaz, ha abierto una temporada para presentar al público de México la última novedad teatral de las grandes capitales del mundo: Shelagh Delaney, adolescente precoz que aún no cumple las veinte primaveras y asombra a los públicos más exigentes con su primera producción cargada de experiencias que se antojan prenatales, y con un dominio del oficio de construir comedias que nos lleva a pensar que el verdadero autor teatral nace por la gracia de Dios... o del diablo. |
podrido. No habría modo de explicar en unascuantas líneas el drama externo y el íntimo de una madre que ejerce la prostitución en presencia de su hija virginal, y de los incidentes que ocurren para que la madre abandone a la hija por una aventura más, en tanto que en la vida de la jovenzuela se cruzan un marinero de color, que una noche de Navidad le engendra un hijo, y la abandona, y un adolescente homosexual que la acompaña en su soledad, hace -¡increíble!- de hermana mayor, y viene a ser como una gota de miel en una charca de amargura. Tan sencillo y complicado argumento lo expone la autora adolescente con verismo impresionante e insospechado alarde de habilidad escénica, llega al espectador en fuerte impacto por virtud de una traducción -de Jesús Cárdenas- clara y concisa, con modismos nuestros para hacerla más gráfica, empleando incluso, canciones infantiles de Durango en vez de las inglesas que nada dirían a nuestra sensibilidad latina. |
expresando con emotiva y estrujante sinceridadlos diversos estados de ánimo por los que pasa la inocente hija de una prostituta; rencorosa con la vida por lo injusta que con ella ha sido, fugazmente feliz y que sola, abandonada de todo afecto, llega al trance de dar a luz un hijo negro... en el mismo escenario. Actúa con un realismo que debemos considerar como la semilla fecunda de una actriz que está destinada a los más altos destinos escénicos. No recuerdo otra revelación más impresionante y auténtica. |