Resaltar búsqueda

Una gota de miel de Shelagh Delaney, en el teatro del Granero

Armando de Maria y Campos

    Con el patrocinio del Instituto Nacional de Bellas Artes, don José Hernández Díaz, ha abierto una temporada para presentar al público de México la última novedad teatral de las grandes capitales del mundo: Shelagh Delaney, adolescente precoz que aún no cumple las veinte primaveras y asombra a los públicos más exigentes con su primera producción cargada de experiencias que se antojan prenatales, y con un dominio del oficio de construir comedias que nos lleva a pensar que el verdadero autor teatral nace por la gracia de Dios... o del diablo.
    Una gota de miel, ha constituido y constituye en Londres y París, Praga, Varsovia y Nueva York, el más resonante suceso teatral no sólo por la edad de la autora, nacida en Inglaterra en 1939, sino por lo singular y extraordinaria arquitectura de que se ha valido para crear una de las piezas realistas más estrujantes y conmovedoras, más miserables, por su miseria, y desgarradoras que pueda imaginar el espectador afecto al teatro tremendista. En verdad, entre madre e hija, prostituta profesional aquélla, adolescente -casi de la misma edad que la autora-, con mucha experiencia en el pecado ajeno ésta, ocurre un drama de miseria, de prostitución, de ignorancia y en el límite de lo increíble de sentimentalismo y de pureza, que sucede cada día en cualquier parte de un mundo

podrido. No habría modo de explicar en unascuantas líneas el drama externo y el íntimo de una madre que ejerce la prostitución en presencia de su hija virginal, y de los incidentes que ocurren para que la madre abandone a la hija por una aventura más, en tanto que en la vida de la jovenzuela se cruzan un marinero de color, que una noche de Navidad le engendra un hijo, y la abandona, y un adolescente homosexual que la acompaña en su soledad, hace -¡increíble!- de hermana mayor, y viene a ser como una gota de miel en una charca de amargura. Tan sencillo y complicado argumento lo expone la autora adolescente con verismo impresionante e insospechado alarde de habilidad escénica, llega al espectador en fuerte impacto por virtud de una traducción -de Jesús Cárdenas- clara y concisa, con modismos nuestros para hacerla más gráfica, empleando incluso, canciones infantiles de Durango en vez de las inglesas que nada dirían a nuestra sensibilidad latina.
    A pieza tan impresionante corresponde una interpretación en verdad soberbia, destacando del excelente conjunto a que con brevedad me referiré, la joven, y por este personaje notabilísima actriz, Jacqueline Andere, en la edad ideal para presentar y vivir la Josephine, de Shelagh Delaney, ingenua y dramática a la vez, y

expresando con emotiva y estrujante sinceridadlos diversos estados de ánimo por los que pasa la inocente hija de una prostituta; rencorosa con la vida por lo injusta que con ella ha sido, fugazmente feliz y que sola, abandonada de todo afecto, llega al trance de dar a luz un hijo negro... en el mismo escenario. Actúa con un realismo que debemos considerar como la semilla fecunda de una actriz que está destinada a los más altos destinos escénicos. No recuerdo otra revelación más impresionante y auténtica.
    La notable actriz Berta Moss, de largo y bien probado oficio logra una gran creación en el personaje de la madre prostituta, viviéndolo con legítimo e impresionante realismo. También el actor, Carlos Nieto, pone de manifiesto su oficio y talento en el aventurero que interpreta, y Luis Bayardo, joven actor de gran talento, crea con finura y ternura el difícil personaje de un adolescente homosexual por su destino, joto, que decimos por estos rumbos. El actor negro Carlos Rafael Sillé, añade con su presencia realismo a la acción, y se limita a cumplir. La dirección de Xavier Rojas confirma la gran disciplina que impone a sus actores y un responsable celo vigilando el cumplimiento de los matices en obra tan difícil de hacer llegar al público, sin repugnancia como esta Gota de miel en un charco de amargura y de miseria.