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Deja que los perros ladren del autor chileno, Sergio Vodanovic, en El Caballito

Armando de Maria y Campos

    La temporada de teatro latinoamericano organizada por estudiantes de la Universidad Autónoma de México continúa incluyendo en su programa general una pieza del autor chileno, Sergio Vodanovic, titulada deja que los perros ladren, en dos actos, divididos éstos en varios cuadros para justificar la falta de unidad de tiempo.
    El autor chileno que presenta la UNAM, parece ser un apasionado del teatro que aparte de escribir para la escena es crítico de este espectáculo, catedrático de la materia teatral en su país y ha sido becado sobre la misma materia por universidades norteamericanas y europeas. Viajero incansable, en busca de la verdad teatral, alguna vez estuvo en México y, según confiesa, habló con un joven autor y director mexicano que no sabía nada de teatro chileno, como él ignoraba todo lo que se refiere al nuestro. Para justificar su plática, se pusieron a discutir autores de Norteamérica. A esta falta de conocimiento mutuo de los autores de Latinoamérica obedece la temporada que organizan los universitarios mexicanos aficionados a representar, a dirigir o a escribir.
    El propósito es intachable e inobjetable. Lo

difícil, es acertar. Yo creo que los universitarios mexicanos no se han anotado un acierto en la elección de la pieza de Vodanovic, discursiva por excelencia, no bien construida -o por lo menos así nos lo pareció y será principalmente porque ha sufrido cortes de escenas en que se aludía al conflicto vivo entre los dos grandes imperios que representan Rusia y los Estados Unidos-; y abusando de un tema que aunque es común en todas las sociedades, para la crítica y el público mexicano no es nuevo e interesa poco, porque cada país tiene los periodistas y los políticos que merece. Carece de interés la pieza de Vodanovic, y el único personaje noble que podía salvarla, el hijo que representa la juventud de su tiempo, también se enfanga.
    La interpretación por parte de los estudiantes Víctor Torres, Mario Gómez, María del C. Cano, Raúl Béjar y Sergio González Isunza adolece de un aire de timidez -hasta en el tono de expresarse- y de aficionalismo. La dirección, a cargo de Carlos Castaño, intenta ser expresionista; lo cierto es que se limita a no hacer uso de la utilería, tan indispensable para darle verosimilitud a las representaciones. ¡Que la temporada de teatro latinoamericano siga su marcha!