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A todas las actrices que han logrado pisar los umbrales de la consagración artística les ha tentado representar la protagonista de la pieza romántica de Alejandro Dumas, La dama de las camelias. Sacada de su novela del mismo título por Dumas, una historia que vivió en su propia experiencia, La dama de las camelias, estrenada con moderado éxito en 1852, la revivió Sara Bernhardt -para eternizarla- años después. Desde aquel suceso inolvidable para la historia del teatro, Margarita Gautier ha formado parte del repertorio de actrices eminentes y mediocres que con su interpretación han confirmado su talento o se han hundido en las sombras. |
la ilusión serlo y en la congoja en su pasión por Armando; enérgica, indignada y suplicante en la entrevista con el padre de éste, alcanza increíbles zonas de la estratósfera en el acto postrero, cuando muere en escena -fuera del lecho, como tantas actrices lo hicieron- derrumbada en los brazos de Armando con tan conmovedor y espontáneo estremecimiento dramático que traspasa lo más íntimo de la emoción con la realidad de un milagro que sólo el talento, la disciplina y la sensibilidad humana en su más puro dominio pueden lograr. Se mueve en escena con la sencillez con que lo hacen los pájaros, vive y vuela a la vez; y su voz, fresca de emoción, se va desprendiendo de su garganta tan completa y armoniosamente como una flor de su cáliz. ¡Un prodigio de actriz, de arte dramático, de mujer que pasa de la frivolidad, al amor, al sufrimiento y a la muerte con la prodigiosa graduación armoniosa del día!... |