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Muchacha del campo de Clifford Odets, en el teatro Ofelia

Armando de Maria y Campos

    Por breve tiempo el teatro construido en una esquina de la colonia Polanco estuvo consagrado al autor mexicano Luis G. Basurto. Ahora el teatro Basurto se llama Ofelia y ha abierto sus puertas para acoger en su escenario a un grupo de jóvenes actores mexicanos de gran porvenir: Miguel Córcega, Bárbara Gil, Sergio Bustamante y otros.
    La pareja Córcega-Gil venía actuando en condiciones muy limitadas a las órdenes de Rambal, y queriendo emanciparse amistosamente del género que cultiva el actor valenciano y de la tutela de su dirección personalísima, emprende la aventura teatral de actuar no sólo por cuenta propia sino con su propia personalidad, espoleada por legítima ambición, eligió para presentarse en tales merecidas condiciones una pieza de Clifford Odets, autor norteamericano, que les brinda singulares oportunidades de lucimiento.
    La pieza de Odets -su título Muchacha del campo, dice poco a nuestro público- trata de un apasionante tema para el público que ignora las vidas íntimas de sus actores favoritos. La acción ocurre entre actores, productores y directores, fuera del escenario. Se centra en el caso de un actor que padece dipsomanía. A propósito de una oportunidad excepcional para actuar en plan de figura, la compañera de su vida y un

director que tiene fe en él tratan de regenerarlo y situarlo en el lugar que como actor puede ocupar. Los incidentes por los que pasa el actor dipsómano que cae y se levanta y al fin triunfa deben quedar fuera de esta crónica, porque lo fundamental, más que el mérito de la pieza de Odets, es la oportunidad que a sí mismos se dan Córcega y Bárbara Gil para demostrar que están destinados a más altos empeños escénicos que los que podrían alcanzar en el repertorio que cultiva Enrique Rambal. Él, nadie nunca lo puso en duda, es un excelente actor y aquí lo demuestra con amplitud y profundidad. Bárbara Gil se muestra sensible, exquisita, y llena de ternura y emoción la obra con su fina interpretación de "la esposa". Sergio Bustamante hace un "director" lleno de dinamismo y oficio, en tanto que el veterano Alberto Galán, compone un "director" demasiado convencional. Cruzan por la escena un traspunte, un dramaturgo y una dama joven en las personas de Leopoldo Benítez, Eduardo MacGregor y Blanca Sánchez, juvenil y nerviosilla. Todos cumplen. La escenografía es elemental y la dirección, de Dimitrios Sarrás aprovecha varios clissés ya fuera de circulación. El público aplaudió largamente a Bárbara, a Córcega y a Bustamante.