La visita de la anciana dama, en el teatro de Bellas Artes Armando de Maria y Campos |
La nueva visita a México de la actriz-dama Rosita Díaz Gimeno, que reside habitualmente en Nueva York, ha sido con motivo, como en anteriores ocasiones, del estreno de una obra teatral por ella escogida, dueña de sus derechos intelectuales por compra y por ella interpretada. |
piezas simbólicas se presta a varias interpretaciones. La vieja dama, nacida en un pueblo cualquiera, vuelve a él millonaria para ejercer una venganza maquiavélica. Con sus millones quiere comprar la conciencia de un pueblo como ha comprado maridos, gángsters, mayordomos y una litera de oro, para vengar el daño que le hizo en su adolescencia un habitante de ese pueblo, abarrotero, casado burguesamente y con hijos, quien para poner punto final a su aventura de juventud cohechó a la pequeña justicia de aquel tiempo. Ella hará rico y próspero al pueblo si alguno de sus ciudadanos mata al que la mancilló y la arrojó a la vida rameril. El alcalde, al principio, se opone, pero la vieja dama se impone con sus millones, cohecha a unos, domina a otros y el resultado es lógico: la ciudad entera mata a un hombre para gozar de la prosperidad adquirida con millones manchados de infamia. El argumento es melodramático en toda su pureza, y muy de estos tiempos en que dos imperialismos compran, como la vieja dama de Dürrenmatt, la conciencia de los pueblos que no pueden evitar venderse. Como ahora para en Punta del Este. |
trágica y más farsa en aquellos momentos en que el director le dio a la evocación material del coro griego el aire de un coro de zarzuela española del llamado género grande. El texto de Dürrenmatt me parece expresado en un castellano pobre; lo mejor de esta pieza es su acción externa e interna, la que ve el público y la que supone en el interior de los personajes. El autor suizoalemán empleó para expresarse la técnica de los escenarios simultáneos y de las mutaciones a la vista del público. La escenografía y la mecánica de su movimiento son obra excelente de Antonio López Mancera. |