Una mujer cualquiera de Miguel Mihura en la sala Chopín Armando de Maria y Campos |
Como todas las obras de teatro que nos llegan de fuera, la de Miguel Mihura titulada Una mujer cualquiera, viene precedida de un gran triunfo logrado en el lugar en donde fue estrenada. Porque resultaría incongruente hacer representar una obra extranjera que hubiera sido un fracaso en su lugar de origen. Sin embargo hay éxitos extranjeros que en otros países resultan inexplicables. Uno de éstos es el que de acuerdo con noticias irrecusables obtuvo en Madrid y en varias provincias españolas Una mujer cualquiera, pieza de corte policiaco, en dos actos y seis cuadros, en la que el autor aborda el tema con escasísima fortuna. Si no conociéramos otras producciones de Mihura, excelentes, dudaríamos que ésta hubiera salido de la misma pluma. No obstante que podría ser de mal gusto un juego de ideas que relacionara el apellido del autor con el de una ganadería de toros de lidia, sevillana, famosa, Mihura, éste se impone. Muchas producciones de la ganadería teatral de don Miguel Mihura han resultado bravas y con buen estilo. Esta, y la excepción justifica la regla, resultó mansa, difícil y con mal estilo... |
Como obra de teatro la pieza de Mihura, es inferior a toda su producción por nosotros conocida. La salvaría en Madrid y en provincias españolas una buena interpretación, y la hundirá en cualquier parte una interpretación defectuosa o mediocre. Esto ha ocurrido en México, Amparo Rivelles, primera actriz en España, desgraciadamente para nosotros casi inédita por causas que no viene al caso recordar, ahora, demuestra en Una mujer cualquiera que posee aptitudes y experiencia suficientes para ocupar en cualquier parte un sitio cumbreño entre las mejores actrices de habla castellana; en todo momento está en el personaje, que lo tiene aprendido en sus más hondos y complicados matices. Desgraciadamente está sola en la interpretación, isla rodeada de buenas intenciones por todas partes y de no escasas mediocridades. Muy desenvuelto y con mucho oficio de representar, el primer actor Lorenzo de Rodas. El resto del reparto, de inferior calidad, no valdría la pena aludirlo, si no fuera indispensable una observación sobre las actrices hechas en la televisión, como Aurora Castillón, que participa en la obra, que poseen una difícil facilidad para actuar en el teatro que, sin embargo, las hace intranscendentes. El buen actor Nicolás Rodríguez se atrevió a salir a representar sin tener siquiera medio sabido su papel, aunque sí, el personaje, que es como tantos miles de comisarios que en el teatro han sido. |