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La dama de corazones, en el teatro Fábregas

Armando de Maria y Campos

    Gabriel Aurot, autor francés de producción madura, domina el arte de hacer comedias y es un notable escritor. Su pieza en tres actos cortados en varios cuadros La dama de corazones, aúna asunto ingenioso y maestría para presentarlo, desarrollarlo y resolverlo. Para el público mexicano la solución que Aurot da al problema de una mujer que parece vivir una doble vida, quedará en ambigua o confusa, porque el director prefirió suprimir el último cuadro para ¿hacer de ésta una pieza de tipo comercial sin importarle la fina explicación que el autor da a la doble personalidad de la protagonista? Una elemental discreción de crítico que conoce la obra original y la ágil e inteligente traducción de Magda Donato, cierra sus labios. Si el espectador interesado quiere saber si Isabel, la mujer de irreprochable honradez en cumplimiento a un contrato de valores humanos es Ada, la viciosa mujerzuela que concurre al lenocinio conocido por La dama de corazones, que acuda a la obra original y sus dudas serán más hondas o más superficiales según la simpatía que haya sentido por Isabel o por Ada, las dos mujeres que pueden ser la misma.
   Burla burlando, ya dimos el argumento de la pieza de Aurot muy ingeniosa en su construcción y más aún en los diálogos entre Rolando, el hombre que está enamorado de las dos mujeres gemelas en parecido físico y éstas, y entre Rolando y la señora Prascovia, la dueña de La dama de corazones, todos excelentes y cargados de ideas sobre la honradez, el pecado carnal y la aventura amorosa cotizable.

   Es una pieza interesante que vale el tiempo en que se le disfruta.
    Gloria Marín que se encuentra en la plenitud de ese instante de maravilla en la mujer hermosa en que se pasa de la primavera al verano -aún lejos el otoño-, llena el escenario con su espléndida y madura hermosura, logra dar la identidad de las dos mujeres que representa y dice con soltura, bien pensadas todas las frases que el autor pone en boca de la inquieta mujer con doble existencia. Si sus actuaciones en la escena teatral fueran más frecuentes ya sería excelente actriz indiscutible.
    Anita Blanch, en su otoño magnífico, crea con maestría y dominio a la señora Prascovia, como puede hacerlo quien tiene entregada su vida al teatro desde hace cerca de cuatro décadas y siempre la ha mantenido viva un anhelo de superación. Habla y actúa con la difícil facilidad de quien sabiéndolo todo, lo ha olvidado.
    El galán Guillermo Murray es, como actor, varonil, y convence en su actuación como amante: arrogante presencia, voz pastosa y bien manejada y dicción clara. Siente las frases que dice y las pinta con la pasión que contienen. Así, se logra por parte de los intérpretes de La dama de corazones una representación digna del mayor encomio.
    El escenógrafo Antonio López Mancera compuso dos escenarios atractivos, expresivos y funcionales. Dirigió el todo de la postura escénica de La dama de corazones, Salvador Novo, y lo hizo con la maestría técnica que el mundo teatral de México le reconoce.