El huevo
Teatro Sullivan. Autor: Félicien Marceau. Versión castellana: Carlos Muñiz. Dirección,
Luis de Llano. Escenografía, David Antón. Reparto: Jesús Salinas, Emilia
Carranza, Antonio Gama, Alejandra Meyer, Eva Calvo, Alonso Castaño, Raúl Meraz, Héctor Suárez, etc.
El huevo es la primera pieza teatral del
novelista belga Félicien Marceau,
y fue escrita en el año 1956. Se trata de una sátira en la que el autor, por
medio de su personaje central, presenta todas las situaciones absurdas a las
que nos ha acostumbrado nuestra organización social, exponiendo las
contradicciones y exhibiendo todas las mentiras a que tiene que sujetarse el
hombre de hoy, si quiere sentirse incluido en la maquinaria como un ser que
pueda llamarse adaptado a su
ambiente.
El
protagonista no se limita a observar a los demás, sino que también se comenta a
sí mismo, analiza su propia posición ante la vida, hace un paralelo entre el
mundo social con un huevo “liso, sin cáscara, sin ventanas, en que es preciso
penetrar si se quiere hacerlo germinar”. Él mismo se convence que con la verdad
no se llega a ninguna parte, es preciso mentir, y mentir a conciencia, hasta el
fondo; de este modo podrá penetrarse en ese huevo que es la sociedad, de ese modo
podrá tenerse la jerarquía indispensable para triunfar en la vida.
La critica es feroz y está lograda a base de una comicidad con
ribetes de amargura en ciertos momentos; no obstante no deja en la boca un
sabor de desilusión como podría suponerse, sino la bienhechora sensación de saber
dónde se está situado, en qué mundo se está viviendo y de saber qué es lo que
se puede esperar de los demás. Privar de las ilusiones tiene por objeto
colocarse con los pies en la tierra, obtener una mayor seguridad de las posibilidades
del ser humano, ya que al conocerse los medios con que se cuenta, pueden
escogerse las mejores armas; sabiendo qué es lo que rodea al individuo, éste se
hallará mejor preparado para saber hasta dónde podrá llegar, según sus propios
escrúpulos.
Dramáticamente,
la composición de esta obra es de una modernidad absoluta. La tesis brechtiana de
que al espectador no hay que permitirle la identificación ilusoria y mágica, se pone de manifiesto
a todo lo largo de la comedia. Un continuo rompimiento de la ilusión teatral es
llevado a cabo por el protagonista narrador y comentarista que es Magis; en cada escena se mantiene este juego de distanciamiento
entre el actor-personaje y el espectador. Magis va
presentando las pequeñas mezquindades, los lugares comunes de la conducta humana,
pasados por el tamiz de su propia lógica. Las escenas de amor que un espectador
romántico podría captar como conmovedoras, Magis, al
romper el ilusionismo las hace aparecer banales. Ocurre este mismo
distanciamiento en el juicio del final y en el resto de las escenas que tienen
lugar en el transcurso de la comedia, en las que desenmascara todo lo que se
esconde detrás de las palabras y de las actitudes de los personajes.
Sobra
decir que una obra de esta calidad necesitaba de una dirección escénica sumamente
ágil, que captara todo el trasfondo sicológico y de inconformismo que la comedia
encierra, todo lo cual fue brillantemente realzado por el director Luis de
Llano, quien supo además imprimir en los personajes el gesto propio y
caricaturesco que la farsa exige, dando el marco escenográfico adecuado, el que
era de muy difícil realización debido a los innumerables cambios que la obra
exige; en este sentido el elogio se desvía hacia David Antón, que es el creador
de la atrayente escenografía, no sólo sugestiva, sino verdaderamente artística.
El
reparto es numeroso. Los treinta y dos personajes que en la obra aparecen son
interpretados por un número mucho menor de actores, gracias a que muchos de
ellos doblan papel. El protagonista es interpretado por Chucho Salinas que con
esta obra se revela como un actor de personalidad indiscutible; la docena de
obras teatrales en las que ha trabajado hasta la fecha, le han dado una
experiencia y un dominio del escenario que le permiten hallar el tono justo para cada situación.
Evita la vulgaridad, tan frecuente entre los actores que quieren ser
cómicos a fuerza y que además han sido maleados por la televisión. Chucho
Salinas, en cambio, mantiene su tesitura cómica sin recurrir a la sobada
caricatura. Él posee los valores netos del que es cómico por naturaleza. Ojalá
continúe superándose como hasta ahora lo ha hecho y no caiga en los vicios de
tantos de sus colegas.
|
|
Fuera de
este personaje que tiene vigencia y continuidad a lo largo de toda la obra,
todos los demás son papeles pequeños que van ilustrando las distintas secuencias.
Alonso Castaño realiza tres caracterizaciones: el médico, el tío y el fiscal; de
entre ellas la mejor lograda es la del tío. La tendencia a la sobreactuación
que tiene este actor encaja muy bien en esta obra; y es un acierto del director
capitalizar lo que pudieran ser defectos de sus actores, de tal manera que
resulten cualidades.
Emilia
Carranza y Raúl Meraz consiguen una gran justeza en
sus escenas; lo mismo puede decirse de Alejandra Meyer, Antonio Gama y Eva
Calvo.
Héctor
Suárez no sobresale mayormente en ninguno de sus tres papeles y muy poco puede
decirse también del resto de los actores cuyas interpretaciones son incidentales.
En
resumen, es una obra interesante, bien escrita, ingeniosa; en una palabra, digna
de verse.
Silencio, pollos pelones, ya les van a echar su maíz
Teatro del Naranjo (Casa del Maestro). Autor,
Emilio Carballido. Dirección, Dagoberto Guillaumin. Reparto: Yolanda Guillaumin,
Laura Oseguera, Socorro Merlín Óscar Chávez, Sergio Jiménez, Raúl Boxer, David Espinosa, Julia Marichal y Solís Caballero.
Emilio Carballido ha presentado su última obra, una farsa política
en un acto (muy largo) en la que se advierte su gran asimilación del teatro
brechtiano, no sólo en cuanto a la composición dramática -o sea la técnica-
sino también en cuanto al contenido didáctico de sus obras -o sea su proyección
intelectual.
La obra,
de marcada tesis política, y proyección social, ataca con vehemencia y gran valentía
el mecanismo político, sin perder en su crítica el sentido agridulce de la
farsa. Sus caricaturas son extraordinarias, pinta el vicio con pincel de
maestro, señala las lacras de la sociedad mexicana con voz de profeta. Y
salpica con su humor macabro a esa clase social vituperada a la que se nombra
con el apelativo de “los pobres” perdonándoles sus defectos los cuales señala
como consecuencias de sus mismas circunstancias de vida.
Llama la
atención la forma específica de la narración, ya que la anécdota -truncada por
la mitad- llega por distintos caminos hacia una meta lógica.
Quizá el
hecho de que la obra se desarrolle sin ninguna interrupción hace sentir que
algunas escenas podrían aligerarse con pequeños cortes; esto se lo dirá al
autor el mismo curso que sigan las representaciones; quizá todo es cuestión de
cortar pequeñas pantomimas como por ejemplo la segunda de los meseros en palacio,
que no es sino una reiteración, puesto que no aporta nada nuevo.
Por lo
demás, la obra corre con gran agilidad, los actores hacen maravillas; la
dirección de Dagoberto Guillaumin tiene aciertos
dignos de admiración. Y sobre todo hay un halo vivificador que emana de la
representación, una nueva conciencia que empuja hacia adelante, una juventud
que en su deseo de echar por la borda todo lo caduco, lo corrompido, descubre
que en la vida hay cosas sanas, puras y nobles por las cuales se debe luchar.
Yolanda Guillaumin ha alcanzado ya gran altura como actriz. Laura
Oseguera se presenta como una promesa de gran alcance por su versatilidad,
buena figura y firme calidad. Socorro Merlín sobresale indiscutiblemente en su
papel de Leonela especialmente (todos los actores
doblan papel); Sergio Jiménez es un actor que ya podría competir con muchos que
tienen años de experiencia en las tablas. Todo hace sospechar que Sergio Jiménez
será una de las figuras más significadas de nuestros escenarios.
Óscar
Chávez, Raúl Boxer; David Espinosa y Julia Marichal, todos realizan sus interpretaciones con verdadera
calidad, con profesionalismo, con amor; Solís Caballero en la guitarra completa
en forma excelente el reparto.
Teatro
comprometido, sí, pero ante todo teatro realizado con arte.
|
|