Enrique Rambal, como Rafael Banquells, también ha logrado formarse su público. No se qué habrá sido primero, si Rambal o Banquells.
Lo cierto es que emplean el mismo sistema. Eligen -sería mucho decir que seleccionan- piezas parecidas a las que han gustado antes en los teatros que dirigen y de los que son también empresarios, y de acuerdo con el personal más o menos fijo que han podido reunir, las dan a un público que los saben identificar con la línea general de temas que tienen las piezas elegidas y, sobre todo, con la base de las figuras con que cuenta su cuadro.
Rambal, hijo de cómicos como Banquells, que nació, creció y vive del teatro, hace las cosas mejor. Cuenta como base de su compañía a una actriz estupenda en el género en que la emplea: Lucy Gallardo. Cuenta con él mismo, que es un magnífico actor capaz de mayores y más altos empeños escénicos pero que se conforma simplemente con salir del paso, sin exponer, como hacen los matadores de toros marrulleros. Cuenta, además, con un gran actor comodín, que es Miguel Córcega. Y desde las últimas obras con la pareja útil y cómoda formada por los hermanos Queta y Jorge Lavat.
En cuanto a las obras no sería justo regatearle el acierto, porque el hecho de que pertenezcan a un género inferior de teatro, como es el de risa a todo trapo y buena digestión, no rebaja el éxito de público, que es también el de taquilla, y en último extremo esto es lo que se trata de demostrar cuando las ambiciones artísticas apenas alcanzan la altura del vuelo de las golondrinas. Además, |
Rambal monta con gran categoría sus obras. Cuenta, también, con un gran escenógrafo de excelente gusto y funcional como es Reyes Meza. En resumen, podríamos decir, como en el último caso del 5 de Diciembre, que el teatro del Músico tiene el público que se merece y el público del teatro del Músico recibe las obras a que se hace acreedor.
Enrique Rambal ha montado ahora "un divertidísimo conflicto familiar en tres actos", de los ya muy trasnochados autores españoles Sevilla y Tejedor. Pero esto es lo de menos para Rambal, quien con su malicia y experiencia teatral rehace las obras, las torna actuales y las resuelve divertidas y amenas. Este es el caso de Separada del marido, piececilla construída sobre las desavenencias que unen y separan a una pareja común y corriente, por supuestas incompatibilidades de caracteres, y que se encuentra en pasajero conflicto a propósito de que deben casar a una hija de él, hijastra de ella, con un tontín, vástago de una pareja tonta a más no poder.
Es agradable ver actuar a Rambal como excelente pez en su mejor agua y grato gozar de la presencia y siempre frívola actuación de Lucy Gallardo, que en el segundo acto luce un bellísimo vestido negro y un tocado de pluma blanco como no lo haría mejor la más cotizada de las modelos de cualquier parte del mundo. Por verla vestida así, con porte de reina y de mujer extraordinaria, vale la pena soportar el sainetón de Sevilla y Tejedor. Ya usted comprende, lector.
Juzgados como simples profesionales cumplen por encima de la pieza Miguel Córcega y Queta Lavat, Malena Doria y Jorge Lavat. |