También las mujeres perdieron la guerra, en el teatro del Granero Armando de Maria y Campos |
Con muchos años de retraso llegó a nuestros escenarios la pieza dramática También las mujeres perdieron la guerra de Curzio Malaparte, cuya larga vida la permitió participar en dos guerras mundiales. Curzio Malaparte fue un extraordinario narrador italiano cuyo verdadero nombre era Curzio Suckert, nacido en 1898 en Prato, Toscana, del que se dijo que fue el verdadero autor de algún infortunado drama del dictador de Italia, Benito Mussolini. Esta sería su aventura teatral que lo reveló como un autor dramático mediocre. Malaparte fue uno de los más genuinos representantes del fervor y de la aventura que hicieron posible el fascismo italiano. Cuando no tenía sino 16 años, tomó parte en la gran guerra de 1914 a 18, comportándose heróicamente en Francia y en Italia. Sin embargo, después del triunfo de Mussolini en Italia, Malaparte conservó virilmente su independencia de crítica por lo que fue confinado en 1933 a las Islas de Lipari. Libre ya, se trasladó a Inglaterra, a Francia, a España, presentando el fascismo como una reacción de Italia contra Europa. De la provincial agricultora tradición contra la plutocracia burguesa. Con Maccary y Longanessi representó la escuela literaria llamada Strapaese o Ultranacional. Durante la Segunda Guerra Mundial, Malaparte vivió en Finlandia, Alemania, Rumania, Croacia y Rusia. Yo lo prefiero como novelista y narrador. Su obra fundamental es, para mí, La técnica del golpe de estado, y considero magníficas Sodoma y Gomorra, La piel y la muy reciente y póstuma, Madre.
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Como autor dramático no pasa de ser un aficionado. Su conmovedora pieza También las mujeres perdieron la guerra, que recoge uno de los más estremecedores sucesos de la última guerra en el seno de una desamparada familia vienesa, es un melodrama endeble que más valiera no haberlo expuesto a la consideración pública. Desde las primeras escenas se advierte al aficionado que no sabe cómo manejar el apasionante y dramático episodio de una viuda de guerra que se ve precisada a servir a la patria prestándose a ser instrumento de placer o desahogo físico de los soldados de ocupación y recibiendo en pago bonos por alimentos. Suceso triste, amargo y desaprovechado como elemento dramático en manos de quien no supo resolverlo en tragedia y espectáculo. |