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El Conjunto de Coro y Danza del Ejército Soviético, en Bellas Artes y en el Auditorio Nacional

Armando de Maria y Campos

    El Conjunto de Danza y Coro del Ejército Soviético ha ofrecido al público y al pueblo de México, en la sala de Bellas Artes y en el Auditorio Nacional, un grupo de funciones de su espectáculo múltiple y deslumbrante. Cada función ha registrado un éxito de público, por lo que se refiere a la concurrencia, y de calidad por lo que el espectáculo en sí representa para una sensibilidad artística como la mexicana.
    En nuestra mocedad, recién concluida la primera Guerra Mundial, oímos en el teatro Arbeu a entonces mundialmente célebre Coro de los Cosacos del Don. Por aquellos años se gestaba la organización de este conjunto de Coro y Danza que se fundó el año de 1928 en Moscú. Ahora cuenta con más de doscientos cantantes, bailarines y músicos y hace la mejor propaganda de las obras de los compositores y poetas soviéticos, así como de la riquísima herencia musical de los pueblos de la URSS y también de las obras clásicas de la cultura musical rusa, italiana -incluye el coro de la ópera Hernani, de Verdi- y folklórica de algunos países que visita. Con el nuestro tuvo la atención de presentarnos, en español, dos canciones populares, una de ellas la revolucionaria Adelita.
    Siendo un grupo artístico del Ejército Soviético, el Coro y sus bailarines tienen el fin de contribuir por medio del arte musical y coreográfico al desarrollo cultural de las clases trabajadoras de la Unión Soviética y los soldados soviéticos. Cuando su patria se vio amenazada por la invasión alemana, los artistas del Coro estuvieron cerca de los soldados y oficiales de las Fuerzas Armadas de la URSS.

    Asombra cómo un espectáculo integrado exclusivamente por doscientos varones arrastra al público al entusiasmo delirante. En la imposibilidad de un análisis con aspiraciones de exhaustivo en el que se pudiera explicar que el Coro por sí solo constituye un espectáculo; que los solistas desde los tenorinos a los barítonos y bajos, de voces dulces subyugantes, aquéllos, de tonos potentes y de extensiones increíbles éstos, todas flexibles y manejadas con calidad idiomática admirable, educadas en los rigores de una escuela de inexcusable disciplina; temperamentales en lo personal todos, formarían un espectáculo de solistas de concierto de unidad y calidad singulares; que el conjunto instrumental, empleando balalaicas, acordeones, instrumentos de aliento-madera y de aliento-metal, percusiones y otros característicamente rusos posee, en lo individual y en conjunto, otro espectáculo que por sí solo cautivaría al melómano más exigente. Finalmente, el grupo danzario, de fina impetuosidad propia de militares, se expresa en insospechado y amplísimo lenguaje coreográfico, sorprendiendo aun a los más enterados en coreografía con hallazgos de increíble habilidad, pujanza y brillantez. Las cuatro noches que lo vimos en la gran sala del Bellas Artes el público coincidió en demostraciones de exaltado entusiasmo, exigiendo las repeticiones que los rusos, generosos, no nos negaron. Su visita a México será de las que más hondo calen en el recuerdo del público nuestro.