Resaltar búsqueda

Estreno de El lobo feroz en el teatro Jorge Negrete

Armando de Maria y Campos

    Si los empresarios de teatro o los directores de escena omnímodos por delegación de los llamados productores, que en realidad no son otra cosa que empresarios, oyeran consejo y después de oirlo lo siguieran, un crítico sereno podría aconsejarles que es más leal y noble confesarle al público que han metido la mano, y a veces el pie hasta la ingle, en una obra de teatro, que anunciarla simplemente de determinado autor y dejarla a la postre sin que la conozca por ninguna de sus tres paredes -el teatro es un espectáculo de tres paredes; la cuarta la forma el público- el autor, que lleno de buena fe, imaginó que su obra podría representarse tal y como la concibió y escribió.
    El inquieto e imaginativo director-actor Enrique Rambal rehace materialmente la obra que cae en sus manos, ya sea que intervenga como director o como éste y a la vez interpreta. Son cosas de Rambal, nos vamos acostumbrando a decir, y Rambal es cada vez más autor de las obras que no escribió y que caen en sus pecadoras y dictatoriales manos. El último caso es el de la comedia intrascendente de Lawrence Roman, titulada Under the yum-yum tree -en castellano, El lobo feroz-, tan retocada que no le lleva ventaja a cualquier muchacha de las que bailan rocanrol, tocada y profanada por todas partes.
    La comedieta norteamericana no vale nada; es un simple entretenimiento, que pretende inquietar porque trata algún problema del sexo en relación con un experimento de una chica que conserva la

virginidad y quiere vivir con su novio, sin perderla, a manera de prueba para después matrimoniarse. Pero, en el apartamento de soltera que alquila tiene un vecino, lobo feroz en aventuras fáciles, que se traga a todas las ovejitas convecinas. Rambal rehace este asuntillo, y en realidad logra un espectáculo divertido. Vaya esto en abono de ... las cosas de Rambal.
    Aseguran que Rambal es un director feroz en materia de disciplina y de memorización, mejor que así sea, porque desde siempre, a papel sabido no hay cómico malo, y tres de las cuatro intérpretes de la comedia de Roman salen con el papel bien memorizado y hasta revelan notorio adelanto. Kitty de Hoyos y Rosa Elena Durgel, espléndidas bellezas, actúan con soltura de actrices de oficio. Raúl Farell no sólo sabe de memoria su papel, sino que tiene bien aprendido su personaje, y forma con las dos damiselas un equilibrado terceto. En cambio Mauricio Garcés, seguramente en colaboración con Rambal, se inventó su propio personaje, y claro esto que desvirtúa el conflicto sexual ideado por el autor, y convierte la comedieta en farza circense, a ratos bufonada. Su única preocupación es proyectar muy simpático. No sé qué opinen ellas. Para mi es un caso de mimetismo. Garcés parece Rambal, y Rambal se ve en Garcés. O dicho en otros términos, Mauricio Garcés está estudiando para graduarse de Enrique Rambal.
    Otra vez una magnífica escenografía de Reyes Meza constituye lo más sólido de esta nueva postura teatral.