Estreno de la comedia musical La tía de Carlos, en el teatro del Bosque Armando de Maria y Campos |
La vida teatral en la ciudad de México es desconcertante. Al lado de representaciones por escolares de escuelas dramáticas o cerca de espectáculos de teatro comercial sin tapujos ni embozos en los que se compromete el buen gusto; a la vera de otros como el que constituye el magnífico cuerpo de baile del extraordinario bailarín mexicano, de baile español Roberto Iglesias, frontero a simples desfiles de números de variedades delante de una cortina, se monta una producción teatral de la calidad e importancia de la revista musical La tía de Carlos, inspirada en el libreto de Brandon Thomas, autor inglés de fines del siglo pasado, como no podría hacerlo ningún productor o empresario de la América Latina; del río Bravo a Punta del Este, salvando, un poco, a Buenos Aires o Brasilia. Esto es lo que desconcierta de nuestra vida teatral: lo extraordinario al lado de lo mediocre o ramplón.
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sorprendente, admirable "producción" digo de los mejores teatros que cultivan este género y, desde luego, -y esto va por los comentaristas teatrales que menosprecian estos espectáculos tan difíciles de lograr por los diversos elementos excelentes que precisa reunir- como, es difícil admirar en cualquier teatro de la América española. Agil, dinámica, graciosa, movida con ponderado dinamismo, magníficamente vestida -el vestuario no es sólo propio de la época, 1892, sino rico y lujoso- y, en fin, relatada en la parte lírica así como en la hablada con una frivolidad muy difícil de alcanzar en este género en el que suman la comedia, la melodía, la coreografía, la iluminación y la escenografía, en mixtura que no debe advertir el paladar del espectador en sus distintos sabores, sino en uno que reúna a todos. |