Para quienes sienten la pasión del ballet, espectáculo que como el circo no pierde actualidad porque es muy viejo y muy moderno a la vez, no es desconocida la rica historia coreográfica del Royal Danish Ballet, ocho de cuyas más eminentes figuras, o estrellas solistas, han pasado por México en breve temporada que ha dejado satisfechos a los balletómanos.
Cuatro recitales ofreció el Real Ballet de Dinamarca en el Palacio de las Bellas Artes. Presentó otros tantos programas apoyados en el pasado y el presente de este arte en constante renovación. Las ocho primerísimas estrellas solistas del Real Ballet de Dinamarca, Kirsten Simone, Mette Mollerup, Kirsten Ralov, Inge Sand, Henning Kronstam, Fredjorn Bjornsson, Jorn Madsen y Ole Fatum, con la colaboración de un numeroso conjunto de profesores de la Orquesta Sinfónica de México, bajo la dirección de Jens Schroder, titular de la Sinfónica de Aalborg, de Dinamarca, bailaron pasajes de Las sílfides, Copelia, La bella durmiente, El pájaro azul; el gran paz de deux, de Cascanueces, El lago de los cisnes, y una preciosa fiesta de flores en Genzano; un gracioso duetino de Pierrot y Pierret, y entre otros que el cronista no pudo conocer, el ballet Nápoles, de H. Paulli, una de las joyas del repertorio del |
ballet de Dinamarca. Por supuesto, sólo conocimos partes de los ballets tradicionales, como estaba previsto, puesto que se trata de un espectáculo a base de divertissiments, entre dos, entre cuatro o entre ocho bailarines, todos excelentes.
La primerísima ballerina Kirsten Ralov, de encantadora y menuda figura, es una virtuosa de la coreografía. Otro tanto puede decirse de Fredjorn Bjornsson. Estos y sus seis compañeros son también bailarines excelentes, de claro, puro y transparente estilo clásico, dominado en años y años de entrega absoluta a su ejercicio. Para muchos espectadores podrá parecer este espectáculo un poco frío. Es natural, porque los ocho bailarines son daneses.
Se dice, en cambio, de los andaluces que son fogosos porque nacieron en las tierras del sol. Lo cierto es que el arte clásico no precisa del frío, ni del calor. Es arte, simplemente, y si es clásico es dos veces arte.
El Royal Danish Ballet es uno de los más antiguos de Europa. Su historia se remota a 1748, lo que lo hace casi contemporáneo del gran movimento de ballet en Francia, cuando el Rey Sol danzaba, danzaba.
Gustó mucho al público balletómano de México.
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