El drama Los tejedores, en cinco actos, de Gerardo Hauptmann, es uno de los más importantes con temas sociales que se han estrenado de 1893 a la fecha. Escrito, según propia confesión del autor en 1892, se estrenó el 6 de febrero de 1893 en el Freie Bühne, de Berlín, tras un largo forcejeo con las autoridades locales. Su reestreno, el 23 de octubre de 1894, en el Deutsches Theater, de Berlín, constituyó uno de los éxitos que jamás obtuviera una obra teatral. El emperador Guillermo II ordenó retirar del local, en señal de protesta, el escudo imperial, en tanto que un auditorio enfervorizado, al que capitaneaba el dirigente socialista Augusto Bebel, fue ovacionando los pasajes más intensos y al llegar al acto cuarto coreó el himno de los tejedores.
Su éxito en Alemania, auroleado en el repudio oficial y el entusiasmo del pueblo, le abrió bien pronto las cortinas de otros teatros europeos. En el Teatro Libre, de París, bajo la dirección de Antoine fue estrenado el 29 de mayo de 1894. A México llegó hasta 1908, y el 12 de julio de aquel año, fue dado a conocer desde el escenario del teatro Renacimiento por la compañía de Virginia Fábregas y Francisco Cardona.
Hauptmann nació el 15 de noviembre de 1862 en Obersalzbrunn, balneario de la Silesia prusiana. Murió en 1946. Su familia era de origen modesto, aunque de regular fortuna; todos sus ascendientes secundaron los levantamientos tradicionales de los tejedores de lana de Silesia. En su mocedad fue labrador y después estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Breslau y en Berlín y en Jena, donde nacieron sus primeras ideas |
radicales. Sus primeras obras denotan la influencia de Tolstoi, y más tarde no pudo escapar a las decisivas de Ibsen y Zolá. Su fama llegó al apogeo con Die Weber, su mejor drama desde luego, que es el que estoy comentando. En 1912 le fue otorgado el Premio Nobel. En 1923, con ocasión de su sexagésimo aniversario, se le hizo en Alemania un homenaje nacional, que revistió caracteres de apoteosis.
Con Los tejedores logró Hauptmann abrir un nuevo camino, no sólo al naturalismo, sino a todo el arte escénico: el de hacer a toda una clase social la protagonista de la acción. Así, inspirándose en las trágicas condiciones de vida de los obreros textiles de Silesia, su país natal, al producirse la revolución industrial del siglo XIX, supo crear un vasto poema efectivo, que con razón ha podido ser considerado como el primer ejemplo de un género al que estaba reservado un amplio desarrollo del drama social moderno.
De Los tejedores ha dicho Huneker que es "una sinfonía de cinco tiempos, sobre un leit-motiv desolador: el hambre". Y Unamuno la comenta en los siguientes términos: ... "Hoy parece que quiere resucitar el coro, pero coro de integración, no la masa antigua indiferenciada; coro resultante de muchedumbres de protagonistas concordados. Dibújase ya el coro moderno en Los tejedores, de Hauptmann, robusta pintura de aquella revolución de los tejedores de Silesia que cantó Heine y dramatizó, antes que Hauptmann, Freiligrath".
Gerardo Hauptmann hizo política durante toda su vida y, particularmente, antes y después de la guerra del 14. |