La gobernadora. Autor y director: Luis G. Basurto. Escenografía:
David Antón. Reparto: Magda Guzmán, Raúl Ramírez, Miguel Maciá,
Teresa Selma, Rogelio Quiroga y Rodolfo Quiroz.
La obra que
ahora ha sacado de la cartera Luis G. Basurto: La gobernadora, es indiscutiblemente de mayor calidad que las más
recientes de este autor (Íntimas enemigas simplemente no tenía ninguna calidad). Hay en La gobernadora una anécdota, bien desarrollada, bien hilvanada, un
conflicto y un diálogo no sólo verosímiles sino que se podría llegar a afirmar
que es el producto de una aguda observación. En ella presenta a un personaje,
Andrés Farías, que pretende servirse de la política para elevar el nivel de
vida del pueblo, para dar escuela y proporcionar, en fin, los mayores beneficios
al pueblo del cual él ha salido y del cual es un representante; pero el ansia
del poder lo lleva no sólo al enriquecimiento personal, sino también a
traicionar a ese pueblo al que él ha pretendido representar, traiciona
igualmente al hombre que lo ayuda a “colocarse” y a la propia esposa que tiene
cifradas en él grandes esperanzas.
Si hay algo que suene falso en el
desarrollo de la trama es el haber rodeado a ese hombre débil y negativo sólo
de personajes honestos, fuertes, recios, alentados siempre por los mejores
propósitos, como son la esposa que no tiene ambiciones de ser poderosa ni de
ser rica; la amante, con la cual tiene un hijo, y que tampoco busca nada de él,
aun siendo él un político y que lo abandona en el preciso momento en que él
es “elegido” gobernador porque piensa que se ha pervertido demasiado; el amigo
-Lic. Martínez- hombre idóneo que sólo quiere ver realizados los primeros
anhelos de Andrés Farías (o sea los de ser un verdadero benefactor del pueblo)
e inclusive la voz del hombre del pueblo es la de alguien al cual el autor
quiere hacer aparecer como un hombre íntegro. Así pues, Luis G. Basurto, al criticar
en La gobernadora ese género de
políticos corrompidos por el ansia de dinero y de poder, hace aparecer el
problema como un hecho no repetido, como si en general la mayoría de los seres
humanos tuviera la dignidad, la integridad y los buenos propósitos que animan a
los personajes que rodean a Andrés Farías, ya que todos ellos en su mayoría
tienen anhelos nobles y desinteresados. Cabría preguntar si, en realidad, las
amantes, amigos y esposas de esos políticos son tan fuertes que no se dejan
corromper por el ambiente y continúan siendo desinteresados toda la vida. Y aunque así fuera, el hecho teatral, pintado de ese modo,
resulta un tanto ingenuo.
El final de la
obra es demagógico, y resuelto en forma descabellada, como si no hubiera sabido
el autor qué hacer con el protagonista.
Lo que ocurre es
que quiso salir del paso con un final espectacular, pero no consecuente con la
acción y en el que los personajes llegaran, por sí mismos, hasta la resolución de
sus conflictos. Quiso además Basurto hacer una tragedia de algo que no puede
serlo. Todo el tratamiento de la obra es el de una pieza, menos el final. Si éste fuera cambiado por Basurto, a no
tratar de hacer una moraleja, sino enfrentándose a la verdadera realidad, en la
que ningún gobernador muere como él ha descrito, le daría a su obra mucha mayor
trascendencia y mayor verdad.
Contó para montar su obra con muy buenos
actores, el mayor peso de ella lo llevan Magda Guzmán (parece que pronto será
substituida) y Raúl Ramírez. Ambos realizan un mano a mano de gran fuerza
dramática. Lo mismo Magda Guzmán que es una actriz de altos vuelos, que Raúl
Ramírez, quien cada día se muestra con más personalidad y madurez. Tienen,
ambos, escenas verdaderamente brillantes.
Teresa Selma, sudamericana según nos indica su forma de pronunciación,
en momentos se ve insegura, pero tiene presencia escénica. Su papel no es de
gran lucimiento, pero lo desempeña con acierto. El personaje del licenciado
Martínez, si bien juega como un resorte en toda la obra, sus apariciones son
breves; este personaje fue interpretado con sobriedad, aplomo y experiencia por
Miguel Maciá, que es un actor que sabe lo que trae
entre manos.
La escenografía de
David Antón, a pesar de que no tiene nada directamente objetable, no da todo el
ambiente que sería de esperarse. Bien resuelto el problema que se les presentó
para la escena en que se plasma el pasado; pero no por ello debe pasarse por alto.
De todas
formas, en general, la obra de Basurto es valiente y tiene los méritos inegables.
El señor perro. Autora: Margarita
Urueta: Dirección: Alexandro. Escenografía: Manuel Felguérez.
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