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Una revista blanca, con Jane Russell en el teatro Iris

Armando de Maria y Campos

    Los señores Vicente Ventura y Enrique Lombardini, que desde hace algún tiempo vienen manejando los espectáculos de carácter lírico y frívolo que se presentan en el teatro Esperanza Iris, han querido superar su esfuerzo organizando uno con la incorporación de elementos teatrales de los Estados Unidos. El animador Alex Valdés, agente de artistas teatrales y a la vez productor de espectáculos musicales en los Estados Unidos, armó lo que él llama una "superproducción musical", y con un mínimo de elementos procedentes de diversos centros teatrales de los Estados Unidos, y otros conocidos por sus méritos en esta plaza, armó la revista Broadway Holiday, en la que ligeramente atados por un débil hilo argumental, intervienen elementos tan heterogéneos como Jane Russell, un tiempo estrella rutilante cinematográfica, ahora simple cancionista en inglés, en la madurez de su vida física, muy bella aún, pero ceñida a cantar frente al micrófono; Trini Reyes, bailarina de origen español, muy joven, y con esto se aclara que empieza su carrera de estrella española para públicos norteamericanos; los hermanos Alegría, estupendos malabaristas de origen catalán, un número de perros muy gracioso y conmovedor por la inteligencia que demuestran los finos canes; bailarines norteamericanos; Pepita Embil y Salvador Quiroz en selecciones de la ópera Carmen, Freddy Fernández, como tímido e inconsistente animador cómico, y otros elementos de mediana categoría -Delia Ortiz, Rubén Zepeda Novelo-, y, naturalmente los siempre notables equipos de bailarinas y bailarines del país.
    A todo este elemento humano hay que sumar vestuario de Nueva York, zapatería

 

de Nueva York, joyería de Nueva York, (sic) de Nueva York, música original (sic) de Donald Heywood, probablemente de Nueva York; escenografía e iluminación de Perry Watkins, también de Nueva York y bailes y números musicales dirigidos por Hal Loman de Nueva York. El guión argumental aparece como de Enrique Echeverría, pero en él debe tener arte y parte Donald Heywood, de Nueva York.
    Broadway Holiday, revista en dos actos, el primero dividido en nueve cuadros y el segundo en siete, resulta, de lo anteriormente expuesto que parece inútil y no lo es, un espectáculo rico, bien iluminado, vestido con limpieza y buen gusto al estilo de tantos que deben recorrer los Estados de la Unión Norteamericana. No hay pero que ponerle, porque todo está bien; no obstante, como que le falta un punto de madurez para el gusto latino. El público sale satisfecho y un poco indiferente. ¿Por qué en este espectáculo estadounidense aparecen no pocos, más bien muchos, elementos del país? ¿Por qué los elementos norteamericanos no logran entusiasmar? ¿Por qué el libretillo carece de médula y gracia y la música es trivial y simplona? Lo cierto es que cada uno de los cuadros chorrea materialmente dólares, tipo de moneda que se ha empleado para su elaboración, y por esto, por el esfuerzo económico que han realizado los empresarios Ventura y Lombardini para romper la monotonía de nuestros espectáculos líricos y frívolos, el público mexicano debe cooperar a su éxito económico con su presencia para que no se frustre este noble propósito, seguro, además de que pasará dos horas divertido, disfrutando de un espectáculo que vale más, mucho más de lo que paga por él.