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¿Conoce usted la Vía Láctea ..?, estreno en el teatro del Granero

Armando de Maria y Campos

    ¿Conoce usted la Vía Láctea? Pocas veces hemos hecho esta pregunta a nuestros lectores a propósito de alguna obra que esté siendo representada en teatros de nuestra ciudad capital. Pero como para cuando aparezca esta crónica habrán transcurrido algunos días de la noche del de su estreno en el teatro del Granero, la estimamos pertinente, porque si aún no la conoce el lector, le aconsejamos no pierda la oportunidad de ir a verla en uno de los más originales teatros de la Unidad Artística del Bosque. ¿Conoce usted la Vía Láctea .. ? Es una comedia nueva y vieja a la vez. Original, y muy original, de Karl Wittlinger, laureado autor alemán y muy representado en la Alemania Occidental desarrolla en una bien ordenada serie de cuadros o más bien escenas porque se trata de una representación, ahora, en un teatro en círculo, que por cierto le ha encontrado la cuadratura el círculo, porque su pista es un cuadrilátero y tiene cuatro tendidos de lunetas, con un tema que si bien podría encontrársele remoto origen literario en el cuento de Pirandello El difunto Matías Pascal, en realidad es un caso que se multiplicó en Europa en cualquiera de las dos tremendas guerras mundiales de este siglo y que es simplemente, el de un soldado al que creen muerto en su pueblo, y por eso no puede vivir en él, y que tampoco puede vivir en ninguna parte porque la documentación que después usa y que le ha permitido resucitar, es la de un soldado que antes de ir a los frentes de la guerra había sido un gran pillo.
    ¿Ser o no ser? Planteemos el problema, se dijo Wittlinger. Y lo planteó y lo resolvió muy teatralmente, haciendo a un lado o recordando tal vez tantos relatos y novelas de soldados supervivientes que por falta de "papeles" no tuvieron sitio entre los hombres honrados ni entre los que no lo son. Con

 

este viejo tema y con el antiguo recurso de reducir la acción a diálogos y aun a monólogos, Wittlinger logró componer una bellísima obra, profunda porque cala hondo en una verdad estremecedora y emocionante, apasionante también, para los pueblos que sufrieron las guerras mundiales y, después, para los espectadores de todos los países. La acción presente y la acción evocadora ocurre primero en un sanatorio para enfermos mentales y, luego, en escenarios imaginarios y a la vez realistas. Extraño, ¿verdad?; por eso dije que Wittlinger juega con maestría, dueño del arte de la composición dramática, con lo pasado y con lo presente, con lo antiguo y con lo actual. Además de concebir y construir una obra teatral, se permite el lujo de filosofar para públicos ... de todas edades maduras.
    Obra concebida para ser representada por dos actores, uno de los personajes es él mismo en la pieza y él mismo como actor. El otro, debe representar a varios personajes con los que debe actuar el protagonista, que en la obra es simplemente el Hombre. Los personajes en que deben transformarse el actor de la réplica son seis, y requieren para su mejor entendimiento inteligencia y aptitudes de un gran comediante. Afortunadamente los dos únicos personajes de esta gran pieza están a cargo de la excelente profesionalidad y del indiscutible talento histriónico de Lorenzo de Rodas y de Guillermo Zetina. Lorenzo de Rodas logra con su personaje poliédrico una altura reservada a los actores en su mejor punto artístico. En cuanto a Zetina, actor de singulares facultades y de inexcusable responsabilidad, está eminente en algunos de los personajes y siempre magnífico. La dirección de Miko Viya es funcional tratándose de un escenario con cuatro zonas de espectadores, precisa, clara y fácil. La traducción al castellano de Miguel Flursheim Tromer, digna de la gran pieza de Wittlinger.