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Estreno de Los fantástikos, en el teatro de Bosque. II

Armando de Maria y Campos

    Un lamentable error de "formación" llevó el último párrafo de la crónica que vengo dedicando al estreno de Los fantástikos, en el teatro del Bosque, a una información ajena a ésta, y trajo para rematar mi crónica el último párrafo de distinta información. Conviene, pues, rectificar el error. Decíamos... el domingo: "Cuando Luisa dice: 'He puesto un listón en el lugar', y muestra su brazo lastimado, no se dirige a Pablo ni a los padres, sino al público. Quizás la mejor forma de explicar esto será pedir al actor que considere al público como su amigo. Se ha dado a cada actor una alocución hacia el auditorio al iniciarse la obra. Los apartes no se hablan en la forma que no deben llegar a la cursilería, incluso cuando el romanticismo se torne extremoso. La gente deberá ser eso mismo y no rococó de utilería".
    Hasta aquí, el autor de Los fantástikos.

    Pues bien, el director Luis de Llano entendió perfectamente la idea del autor y la ha sabido expresar a través de una dirección que no vacilo en calificar de excepcional. En efecto, Luis de Llano ha reunido un reducido grupo de actores -los que pide la obra- que posiblemente son los indicados y hasta insustituibles para esta comedia musical, y la defino así porque no es ni zarzuela española, ni opereta europea, y como todos son de indiscutible calidad, el resultado obtenido es inmejorable. La pieza es extraordinaria: es decir, que se sale de lo ordinario. También la presentación e interpretación es extraordinaria. Una sola mujer interviene en la acción, la novia enamorada, y fue confiada a María Rivas con facultades para crear el personaje porque posee juventud, gracia otorgada por el cielo, voz fresca y de

bello timbre y exquisita sensibilidad. Canta con delicia -deliciosamente-, y actúa con natural desenvoltura. El gran actor Armando Calvo, excelente tenor abaritonado, conduce la acción en forma irreprochable, y luce tanto como actor y cantante, que se llega a la conclusión de que difícilmente otro actor de nuestro medio pudiera haber creado el personaje de El Gallo. Dos grandes actores cómicos, en su línea de caricatos, Ortiz de Pinedo y Guillermo Orea, se desempeñan en forma insuperable y son insustituibles para estos personajes. El grande y veterano actor Alejandro Ciangherotti crea el personaje de un comediante viejo como puede hacerlo únicamente un cómico de larga carrera, de gran sensibilidad y de indiscutible talento. Si no hiciera más en el teatro este actor, su viejo comediante lo consagraría como uno de los mejores de su tiempo. El joven galán y cantante Antonio Gama posee indiscutibles facultades y una bella voz que pone al servicio de su personaje -el enamorado fantástico-, y luce y brilla con fulgor propio. Chucho Salinas no desentona en la magnífica interpretación creativa de todos.
    La escenografía ya se ha dicho, es elemental; pero un juego de luces viste la escena y la acción de la obra con múltiples matices. No menos de setenta cambios de luz dirigen y manejan David Antón e Ignacio Zúñiga. La traducción de Marta Fisher y de Luis de Llano es ágil, flexible, clara y graciosa. Todo, sin embargo, es consecuencia de la por todos conceptos magnífica dirección de Luis de Llano, que a su experiencia y sensibilidad une un buen gusto poco frecuente entre los directores. En suma un espectáculo auténticamente extraordinario.