| Corazón arrebatado
Teatro del Granero. Autor: John Patrick.
Traducción: Antonio Hass. Dirección: Xavier Rojas.
Escenografía: Armando Gómez de Alba. Reparto: Virginia Gutiérrez, Jesús Colín,
Felipe Santander, Carlos Bracho, Bruno Márquez, Guillermo Herrera, Jorge
Zamora, Alejandro Guerrero y Salvador Machado.
En The hasty heart -título original de esta obra- John Patrick
expone sus puntos de vista acerca de la convivencia humana. Sus experiencias en
la Primera Guerra Mundial le hacen escribir esta pieza en la que hace aparecer
como una paradoja el hecho de que cuando los hombres están luchando entre si en una guerra, es cuando más cerca están unos de otros.
Hace nacer la esperanza en la Humanidad precisamente de entre las ruinas de ella.
Sitúa la acción en un hospital, en una sala de convalecientes, lugar en donde
un hombre -Lachie- que no confiaba en los hombres, encuentra
la fe en la vida y aquilata la amistad, aunque sea a punto de morir. Llegando a
decir, en uno de los diálogos esta idea igualmente paradójica: El mundo sería más sano, si todos
estuvieran enfermos.
¿Por qué
habla así Lachie? Porque es en el dolor en donde este
personaje ha encontrado la amistad, son los enfermos quienes le han brindado
apoyo, ayuda, generosidad; porque es ahí donde un ser humano le ha dicho “Yo
soy la gente a quien conozco. Soy una mezcla de todo lo que he leído y visto.
Aquí me apodero de una virtud... Allí de una debilidad. Soy todos los que
alguna vez he amado”.
John
Patrick estrenó esta obra el 3 de enero de 1945, en plena guerra, cuando los
ejércitos de todos los países estaban minados ya por varios años de
destrucción, de bombardeos, de muerte y es precisamente en ese momento cuando
él expresa su fe en el pueblo y en la fraternidad humana.
Sus personajes son de distintos países y lugares,
pero todos acaban uniéndose en un abrazo de amistad, sin importar el lugar de
origen, las patrioterías; importa sólo su calidad de seres humanos. Proclama el
autor que debe haber unión y amistad, que no se puede morir solo, que no se
puede sacrificar por amor propio la comunicación
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Virginia Gutiérrez y Jesús Colín, en Corazón arrebatado. [Pie de foto.]
diorama
teatral
por mara reyes
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con otros hombres, que lo más importante es la comprensión entre los
seres humanos.
John
Patrick además de sus obras teatrales, escribió para radio y para el cine.
Quizá ello influyó en su estilo, en momentos demasiado sentimentalista, casi
melodramático.
Es una
obra que ni pintada para Xavier Rojas, quien realizó una dirección escénica
veraz, convincente, llena de vida, de agilidad. No es de extrañar que muchas
buenas señoras lloren a lágrima viva, en las últimas escenas de la obra, ya que
Rojas supo sacar de ellas toda la emotividad que el texto contenía. La escenografía
no pudo ser más apropiada. La actividad de Rojas es abrumadora, y en esta
ocasión se saca la espina de esa obra que todavía mantiene en cartel Los maridos engañan de 7 a 9, la cual no
entra en el género teatral que siempre ha preferido este director.
La
presentación de un nuevo actor, cuando es afortunado, siempre es motivo de
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satisfacción. Hoy se trata de Jesús Colín, quien saca adelante el papel central de
la pieza, con aplomo, seguridad y brillantez. Su buena voz y su presencia
escénica van
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también en su beneficio. Es en suma, una figura que promete.
Virginia
Gutiérrez, actriz cuya madurez ya es un hecho, a pesar de su juventud, en
momentos escasa de naturalidad, sabe sin embargo respetar el carácter de los
personajes que le son encomendados.
Felipe
Santander (que siempre es mejor como actor que como autor) logra una muy buena
interpretación del tartamudo yanqui.
Es
preciso reiterar los buenos augurios para el actor Carlos Bracho, quien toma en
esta ocasión a un personaje totalmente distinto al de El guardián y lo saca con la misma limpieza, el mismo ángel y la
misma propiedad.
Guillermo Herrera, retorna con más éxito que en su intervención
anterior en la reposición de Inclán Hoy invita la
Güera. Su voz, pequeña, no se prestaba para un teatro de la dimensión del
Fábregas; en cambio aquí en el Granero puede entregarse con toda sinceridad a
la interpretación, sin preocuparse de si se escuchará su voz en la última fila
de butacas.
Muy bien
Bruno Márquez, a quien habíamos visto en otras obras con actuaciones más
rebuscadas, en cambio la que hace en esta ocasión logró darle una vivacidad natural,
muy afortunada.
Demasiado
engarrotado Alejandro Guerrero revela poca experiencia teatral. Y discreto
Salvador Machado. Jorge Zamora (Zamorita), realiza un
trabajo más bien pantomímico, de buena factura y con fuerza dramática.
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