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Estreno de La sonata de los espectros en el teatro Esfera

Armando de Maria y Campos

    Es fama que Noruega dió a Europa y por consiguiente a las dos Américas el más grande de los dramaturgos realistas del siglo pasado en la persona de Enrique Ibsen, en tanto que Suecia produjo uno de los fundadores del teatro naturalista, Augusto Strindberg (1849-1912). Con ocasión del centiloquio de su nacimiento el INBA hizo presentar alguna de sus obras y nosotros publicamos un pequeño libro sobre su apasionante obra dramática y su atormentada vida amorosa. Ahora vuelve Strindberg como autor de vanguardia, presentado por el inquieto director chileno Alejandro. Para quienes coja de sorpresa el nombre de Strindberg, y su pieza, La sonata de los espectros, que se representa ahora por un grupo de actores vanguardistas bajo la dirección del mimo y pantomimo, recordaré unas palabras del crítico Ignátov: "Sus producciones llevan el sello del revolucionario, del sublevado, que desenmascara el egoísmo, la falsedad e hipocresía de la sociedad burguesa, revelando de manera bien destacada y brusca las contradicciones que existen en la época capitalista". Y para quienes reciban una sorpresa por la crudeza de hacer teatro del gran sueco, recuerdo estas palabras del crítico Horn: "Para Strindberg no hay nada sagrado: ni moral, ni familia, ni patria, cuando se trata de su amor a la verdad o, más bien, lo que él, en un momento dado, considera verdad única".
    La sonata de los espectros, escrita hacia 1907 y estrenada en Estocolmo en el teatro Intimo que fundó el propio Strindberg, es un drama
psicológico en el que el autor expone el

desarreglo psíquico y la convicción de que la vida no es más que un sueño y una pesadilla y proclama la necesidad del perdón y de la paciencia.
  El director Alejandro recreó la obra de Strindberg, colaboró apasionada y caudalosamente rehaciendo y ampliando la actuación de muchos personajes, y, con esto, supone haber convertido la desintegración del realismo y de la literatura dramática de principio del siglo, que se propuso el autor sueco en una pieza de vanguardia contemporánea. Para ello, no ahorra ningún shock, desde la sodomía, el estupro, la epilepsia y a las sorpresas de apariciones de toda clase, como se afirma para prevenir al público en el Boletín del teatro de vanguardia, que firma Luis Guillermo Piazza; que circuló antes de la función. Para la crítica serena, que por imparcial debe eludir toda controversia, la nueva versión de La sonata de los espectros, no pasa de ser un experimento audaz. El director Alejandro permite deliberadamente que la pantomima absorba la tesis de la pieza. Sobra ballet y, naturalmente, pantomima. Y dicho está con esto que hay exceso de mímica. Intervienen en la representación 19 actores: imposible referirnos a todos. Agavillemos todos los juicios de uno, general. Están bien, apasionadamente entregados a cada personaje, todos actrices y actores. Alejandro logró dar, con la colaboración del decorador y el sastre, un clima de miseria y lubricidad estremecedoramente deprimentes.