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Es fama que Noruega dió a Europa y por consiguiente a las dos Américas el más grande de los dramaturgos realistas del siglo pasado en la persona de Enrique Ibsen, en tanto que Suecia produjo uno de los fundadores del teatro naturalista, Augusto Strindberg (1849-1912). Con ocasión del centiloquio de su nacimiento el INBA hizo presentar alguna de sus obras y nosotros publicamos un pequeño libro sobre su apasionante obra dramática y su atormentada vida amorosa. Ahora vuelve Strindberg como autor de vanguardia, presentado por el inquieto director chileno Alejandro. Para quienes coja de sorpresa el nombre de Strindberg, y su pieza, La sonata de los espectros, que se representa ahora por un grupo de actores vanguardistas bajo la dirección del mimo y pantomimo, recordaré unas palabras del crítico Ignátov: "Sus producciones llevan el sello del revolucionario, del sublevado, que desenmascara el egoísmo, la falsedad e hipocresía de la sociedad burguesa, revelando de manera bien destacada y brusca las contradicciones que existen en la época capitalista". Y para quienes reciban una sorpresa por la crudeza de hacer teatro del gran sueco, recuerdo estas palabras del crítico Horn: "Para Strindberg no hay nada sagrado: ni moral, ni familia, ni patria, cuando se trata de su amor a la verdad o, más bien, lo que él, en un momento dado, considera verdad única". |
desarreglo psíquico y la convicción de que la vida no es más que un sueño y una pesadilla y proclama la necesidad del perdón y de la paciencia.
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