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Un vodevil ingenuo de Ruiz Iriarte en la sala Milán

Armando de Maria y Campos

    Una situación de vodevil -pieza de teatro de enredo y picardía-, puede convertirse en una comedia ingenua, si el autor es hábil componedor de aventuras galantes o adulterios frustrados, y además, posee buen gusto y finura para plantear los hechos y para decir, con buen gusto, las cosas tremendas. Este es el caso de la comedia -¿vodevilesca?- Cuando ella es la otra del autor madrileño Víctor Ruiz Iriarte, que ocupa un lugar distinguido entre los mejores autores contemporáneos españoles. Su comedia Cuando ella es la otra se propone ridiculizar cualquier tragi-adulterio- es decir, el adulterio o la aventura entre casados que se convierte en tragedia- por la aparición de un tercero en discordia, a veces en concordia, que de todo hay en las situaciones vodevilescas.
    La comedia de Ruiz Iriarte que ha subido a la escena de la sala Milán data de 1951, y si llega un poco tarde a nuestro ambiente, no por ello carece de frescura y novedad. Una mujer traicionada por su marido se finge la mejor amiga de su rival, y al final de un largo camino -tres actos- de situaciones regocijadas, lo recupera. El desarrollo de la absurda situación que da origen a este conflicto que en los momentos más graves se queda en puro humorismo, es tan fácil como gracioso. La situación teatral convence a todos, y eso que el triángulo está a punto de convertirse a cuadrángulo, como dice uno de

los protagonistas. Todo queda en un vodevil ingenuo, con sus gotitas de picardía.
    La interpretación por parte de los cuatro protagonistas no deja nada que desear, si el espectador no analiza. Las actrices -Emilia Carranza y Rosa Elena Durgel- se desempeñan con frívola y graciosa desenvoltura; ambas son jóvenes y elegantes y tratándose de un vodevil ingenuo convencen con creces. El actor Eduardo Fajardo parece resuelto a hacerse actor cómico, y no desaira recurso por corriente que sea para lograr su propósito: hacer reír. En esta obra emplea procedimientos que -me han dicho- provienen de Viruta o Capulina; ¿el fin justifica los medios? En esta obra actúa por primera vez en México el actor cubano Otto Sirgo, que revela un largo oficio.
    Bienvenido a nuestra escena. Como ocurre en los mejores programas de teleteatro, la pieza de Iriarte ha sido adaptada, recortada y reducida por lo que se refiere a personajes -fueron suprimidas tres actrices-. Pero contra esta costumbre perniciosa nada puede hacerse, como no sea señalarla y lamentarla. La dirección de Fernando Granada, sin ambiciones, se ciñe a darle gusto al espectador de exigencia media. Lo logra, porque el público pasa un rato agradable con las peripecias que ocurren... cuando ella es la otra.