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Una parodia sobre los amores de Cleopatra y Marco Antonio, en la sala Chopin

Armando de Maria y Campos

    A la presentación burlesca de algún tema tratado con seriedad se le llama parodia. En teatro la parodia es una pieza festiva, socarrona, satírica, que intenta ridiculizar otra producción escénica de un género elevado. El actor Óscar Ortiz de Pinedo ha escrito o compuesto una parodia de los muy conocidos amores de Cleopatra y Marco Antonio. A su parodia le ha dado un aire de farsa, con lo que la pieza abunda en redundancia. Para su interpretación -en la sala Chopin- se reunió un conjunto de actores de diversos calibres cómicos y a una hermosa mujer, mixta de vedette y actriz, Eda Lorna. La parodia de Ortiz de Pinedo se titula Cleopatra era... nerviosa, y ha constituido desde su primera representación un éxito de risa. El cronista registra este suceso, porque el cronista desempeña una misión informativa.
    ¿Tiene razón Bertold Brecht cuando afirma que "el teatro no tiene ninguna justificación si no es la del placer del espectador"?... Opina, también que "quien pida más al teatro o quiere exigirle más, no hace sino rebajar su verdadera finalidad". Si estamos con las opiniones de Brecht, Ortiz de Pinedo tiene razón y su parodia -pachanga bufa, y en esta definición nuestra no hay pleonasmo- se justifica plenamente. Bien montada e interpretada con todas las licencias que permite este género teatral y aun con las que no son lícitas, por actores que gozan de renombre en este estilo de

representaciones, la parodia de la aventura amorosa entre la reina Cleopatra y el guerrero Marco Antonio cumple su objeto, puesto que se resuelve en un espectáculo burlesco que da placer al espectador. Eda Lorna luce generosamente su espléndida preciosura y Ortiz de Pinedo -como Marco Antonio-, Ortín -como Ptolomeo- y Petrel como Julio César, no tienen otra preocupación o meta que la de hacer reír. Lo logran con creces. Todo, pues, está en su sitio... ¡El cronista también! ríe, y registra el suceso.
    La parodia es tan vieja como el teatro. La primera de todas, La Batracomiomaquia, una guerra entre las ranas y ratones, fue atribuida a Homero nada menos. Aristóteles atribuye la invención de la parodia teatral a Hegemeón. Su origen no puede ser más ilustre; pero es sabido que todo lo humano tiende a degenerar. Parodias clásicas en nuestra lengua no escasean; las hay magníficas: La pelea de don Carnal y doña Quaresma, del Arcipreste de Hita;  La gatomaquia, de Lope de Vega; La mosquea, de Villaviciosa; La asneida, de Cosme de Aldana; La asinaria, de Rodrigo de Herrera, hasta esta ¡válgame Dios, qué desenfadada! de Ortiz de Pinedo.
   Cleopatra era ... nerviosa es una alegre broma teatral. ¡Como tal debemos recibirla, y hasta agradecerla, porque la impresionante belleza de Eda Lorna, nerviosa escultura viva, bien vale una frívola parodia!