Hubo una vez, y esto parecerá insólito a los aficionados al teatro de estos tiempos, que Muñoz Seca fue representado en París, en un teatro de vanguardia. La noticia es perfectamente auténtica. Esto ocurrió a mediados del años de 1927. Un teatro de vanguardia de París representó, como máxima novedad, mitad en serio, mitad tomándolo por el lado cómico, la comedia Los extremeños se tocan. Y lo más extraño de todo es que tuvo éxito. ¿Se puede pasar por alto -ahora, precisamente ahora- un hecho literario de esta magnitud? No; de ninguna manera.
Con motivo de esa extraordinaria efemérides teatral Azorín dijo: "Un autor dramático no tiene más que veinte años de vida". Contestando a Azorín, Jacques Bainville, escribió en El Cándido, de París: "El teatro devora los talentos. Un autor dramático llega con una fórmula nueva, que seduce al público. Con esa fórmula tiene materia, generalmente, para doce años". "En España, contrarreplicó Azorín, la vitalidad y eficacia de un ambiente escénico no llega al cuarto de siglo; en Francia, país de más efervecencia literaria, puede |
ser de doce". Durante doce, quince, veinte años, una terminada fórmula seduce, encanta, divierte a las muchedumbres. El cansancio llega; la fórmula se agota...
Muñoz Seca no solamente ha muerto como autor teatral, sino que de sus obras mejores cualquiera hace un trapo de seducir actores de utilería, actores de fórmulas cómicas hechas, sin más duración que su corta vida. Desapareció la fórmula teatral de Muñoz Seca. Solo queda de ella un montón de escenas, puñados de chistes. Unas y otros los recogen adaptadores y adoptadores aprovechados y dizque hacen una comedia para reír.
El cronista que toma en serio su profesión no puede dejar que pase inadvertido este atentado. Lo denuncia, aunque sabe que predica en el desierto de un lunetario que jamás llenarán espectadores de la mejor buena fe. Eso... que están representando en la sala Cinco de Diciembre actores sin crédito e irresponsables, es una pachanga del peor gusto.
Que conste la denuncia, por lo menos. |