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Eurídice de Anouilh en el teatro Orientación

Armando de Maria y Campos

    El teatro Orientación -creado para experiencias teatrales y manejado por la Unidad Artística y Cultural del Bosque con la cooperación de la Secretaría de Educación Pública-, ha sido cedido a un grupo de actores experimentales al que se sumó una actriz profesional, Carolina Barret, para representar la pieza Eurídice, de Jean Anouilh, según la traducción de Aurora Bernardes y Guillermo de Torre, en cuatro actos, y que aquí fue representada agrupando los dos últimos en uno.
    Esta es una de las primeras piezas de Anouilh, conocida en la década de los cuarenta. Anouilh toma uno de los más bellos pasajes de mitología griega, el de la personalidad fabulosa de Eurídice, en los comienzos de Grecia, cuando sólo se conocía un instrumento musical, la flauta. Orfeo inventó la lira, perfeccionándola en el número de cuerdas necesarias y su voz unida al sonido de este instrumento embelesaba a dioses, hombres y animales. Anouilh convierte al divino Orfeo en un violinista, y quien toca el arpa es su padre, actor fracasado que le sirve como elemento para ambientar la pieza. Aquí aparece la Eurídice del comediógrafo francés. El violinista Orfeo hace su mujer a una hermosa joven, medio actriz en una compañía de cómicos de la legua, que lleva el nombre del personaje griego, y reproduce con acierto descriptivo la vida en la sala de espera de trenes que viene y van con cómicos de la legua, en una estación de provincia francesa.
    A Orfeo y a Eurídice les sigue, vigila sus amores, un personaje que simboliza la muerte. Su persecución es implacable, puesto que logra estar cerca de ellos hasta en la misma cama de un hotel de paso en el que Orfeo y Eurídice refugian sus castos amores. Eurídice está bien herida por su corto pasado lleno de aventuras, pero, como en la leyenda, le es concedido partir bajo la condición de que Orfeo no volvería la cabeza para mirarla hasta que ella hubiera

 

rebasado los confines del reino de la muerte. Igual que en la leyenda griega, Eurídice vence los obstáculos que podrían obstruir su camino para refugiarse en los brazos de Orfeo, cuando éste, olvidando la promesa que había jurado cumplir de no contemplar a su mujer, cuando ya sólo le faltaba dar un paso, vencido por su amor, se detiene y mira hacia atrás.. y en el acto Eurídice le es arrebatada para siempre... Anouilh o el director Jebert Darien, no recuerdo con precisión el libreto, componen un apoteosis cursilón y la pieza concluye cuando el espectador está a punto de entregarse a una violenta crisis de nervios.
    La obra está a muy superior altura de la interpretación. No frenaríamos, jamás, cualquier impulso ambicioso, pero siempre conviene medir las fuerzas. La pieza de Anouilh, precisa de excelentes actores en calidad y en experiencia; no experimentales. A la hermosa Elvira Castillo, famosa en el mundo acuático de la natación, triunfadora en un concurso para designar a la hermosa muchacha digna de llevar el titulo de Miss México, competente maestra de Kinder en el colegio Columbia de esta ciudad y aspirante a actriz, le falta un largo camino que recorrer para decir con claridad y entonación -actuando, en fin- el amoroso conflicto de la inmortal Eurídice
    En menos proporción, pero todavía inmaduro para crear un Orfeo contemporáneo, está Felipe Santander; Carolina Barret, deliciosa, como la madre de Eurídice; pero ya sabemos que una glondrina no hace verano. Ricardo Fuentes, actor semiprofesional, logra una interpretación correcta y cumple. No viene al caso citar nombre por nombre a los actores experimentales que cubre el largo reparto que contienen esta pieza, para la que Antonio López Mancera creó una escenografía discreta. El director Jebert Darien se empeñó en mover bien a sus actores y logró con ellos escenas meritorias.