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Rentas congeladas, letra y música de Sergio Magaña, en el gran teatro Esperanza Iris

Armando de Maria y Campos

    Como hace ciento cincuenta años el "grito" se dio en las vísperas. En este caso se trata de un "grito" de independencia teatral. Sergio Magaña ha dado con su pieza Rentas congeladas, letra y música de él mismo, un "grito" de independencia. De ahora en adelante si el éxito económico acompaña al artístico que se presume dada la buena acogida que Rentas congeladas mereció de un público heterogéneo y exigente, el género frívolo mexicano tomará nuevos rumbos.
    Con tema sencillo, desarrollado con un sentido ingenuo, Sergio Magaña escribió un libreto a propósito de la descongelación del precio de los alquileres que la metrópoli sufre o padece, según del lado en que se encuentre el ciudadano afectado, que le sirve de pretexto para hacer fina y humorística sátira de dos sectores de la población, los que son felices porque lo tienen todo, y los que no lo son porque no tienen nada. Un forzado quid pro quo por el que un golfillo se convierte en el poderoso ministro de cuyos acuerdos depende la descongelación de las rentas, justifica la sucesión de cuadros en los que cabrillea el ingenio mordaz y gracioso de Magaña, de quien todos sabemos que es excelente comediógrafo. Magaña es también compositor de inspiración fresca y sencilla y para su libreto compuso varios números modernos, que no están injertados arbitrariamente, sino que responden a situaciones de la trama. Una confusión en la forma de anunciar este espectáculo puede desorientar al público. No es revista musical, porque su libreto precisa de la música para él compuesta; no es una comedia musical con bailes o canciones colgadas como joyería falsa aquí o allá. Es propiamente, una opereta. La primera opereta de esta época, cuyo antecedente más cercano es la ya olvidada La niña Lupe, letra de Enrique Uthoff y maestro

 

Rivera Baz, estrenada por Esperanza Iris en su teatro por los veintes. Esta de Magaña desarrolla un tema menos mexicanista, más mexicno y, con un aire gracioso de actualidad que le otorga un interés mayor que cualquiera otra de este género... extranjera.
    El desarrollo de la comedia es convencional y sin embargo agarra la atención del público. La noche de su primera representación ésta se desenvolvió con ritmo lento, que puso en peligro la pieza, atribuible a las deficiencias de todos los estrenos. En cambio los números musicales constituyeron una agradable sorpresa para el público y fueron aplaudidos espontáneamente y calurosamente y algunos de ellos obligados al bis. Magaña posee una inspiración sana, alegre y traviesa, y sus melodías de línea sencilla llegarán seguramente a la popularidad, prueba de fuego que resisten pocos compositores.
    La empresa Rojas Alarcón-Lombardini ha presentado este espectáculo, con el que si no oficialmente, sí con toda la categoría que le otorga su mexicanidad quedó inaugurado el mes que los autores mexicanos de comedia se han organizado probablemente con subvenciones oficiales con motivo del sesquicentenario de la Independencia, a todo lujo en escenografía, vestuario y luces, con un largo elenco en el que si es verdad que no hay una sola figura de primera categoría, todos se desempeñan de acuerdo con sus posibilidades de actor, de cantante o de bailarín. No falta, por supuesto, el nutrido grupo de bailarinas y coristas -en otros teatros se les denomina modelos-, todas jóvenes y con la belleza natural de quienes viven las radiantes noches de su primavera.
    La responsabilidad en la interpretación está confiada a actores muy experimentados, como Sergio Bustamente, Mario Alberto Rodríguez, Armando Luján, Carlos Bribiesca, Mario Orea y Alberto Vázquez. Sergio Bustamante

demuestra la versatilidad de su talento, porque actúa con la seguridad que le da su condición de actor de comedia y canta y baila como pez que se hubiera movido siempre en las aguas de los géneros musicales. María Rangel, María Elena Sandoval, Graciela Nájera, Celia Tejada, Reina García, Alicia Moreno, Dora Damián y Graciela de Velazco intervienen logrando cada una en su sitio la atención unánime del público, lo que ya es bastante. También interviene el cantante Salvador Quiroz, la señora doña Celia de Alarcón, cuya devoción por el teatro la ha llevado a intentar todos los géneros, interviene como actriz, bailarina y cantante, y luce espléndida.
    Compuso la escenografía complicada de este espectáculo el maestro Antonio López Mancera y crearon la coreografía para los números que la precisaron Raúl Flores y Raúl Fuentes. La dirección de Virgilio Mariel, muy cuidada en los efectos plásticos o en la exactitud de los movimientos, carece de viveza. Tal vez a esto se atribuya la lentitud en el proceso musical que sigue la pieza de Magaña. Inexplicablemente -y también esto provoca confusión- se anuncia que Chucho Zarzoza ha hecho "arreglos" musicales; la verdad es que ha instrumentado la partitura de Magaña, que no es lo mismo que arreglarla. Dirigió la orquesta escasamente integrada José Luis Alcaraz, que no la hace sonar como debiera, tornando opacos muchos números brillantes. Rentas congeladas es una efemérides del teatro frívolo mexicano y desde su primera representación se ha orientado por los mejores rumbos del éxito.