Uno de los más interesantes éxitos teatrales en Broadway es la pieza The miracle worker de William Gibson, creada por la notable actriz Ann Bancroft y por una niña de excepcionales facultades, Patty Duke. La maestra milagrosa está inspirada en el libro de cartas en que Annie Sullivan consigna sus primeros encuentros con Hellen Keller. ¿Quiénes son estas dos mujeres?
No quiero caer en el lugar común de decir que todo el mundo lo sabe; creo que hay muchos que lo ignoran. Para estos, informo que Hellen Keller nació y fue hasta los 18 meses de edad una niña como todas. Una enfermedad espantosa la privó de la vista, del habla y del oído. A la edad de nueve años era apenas una pequeña bestia que gruñía y gemía según sus estados de ánimo. Entonces aparece Annie Sullivan, contratada por los padres de Hellen para que haga menos penosa la pesadilla que es vivir al lado de la desventurada chiquilla. Poco a poco Annie transforma al pequeño monstruo en una niña tolerable, que con el tiempo llega a ser una mujer admirable. La comedia de Gibson se desarrolla días antes y durante quince de la permanencia de la Sullivan en la casa de los Keller, domesticando con dulzura y talento la bestezuela que era la pequeña Hellen.
El empresario don Manolo Fábregas vio esta obra en New York, y atento al éxito que alcanzaba en la Ciudad de Hierro se propuso contratar la exclusiva para México. ¿Cómo fue que pensó en la actriz española Aurora Bautista para crear el papel de Annie Sullivan? ¿Contaba ya con una pequeña actriz de nueve años capaz de crear el personaje de Hellen Keller? Lo cierto es que la Bautista aceptó venir a México para interpretar un personaje ajeno totalmente al carácter de los que ha creado para la escena española, y que con una paciencia extraordinaria Fábregas logró que una chiquilla -Elizabeth |
Dupeyrón- se convirtiera en actriz en miniatura, excepcional.
La pieza de Gibson está bien construida, planeada en escenarios simulténeos y en México su postura escénica es superior en todos aspectos a la que ahora disfrutan los espectadores de Nueva York. El maestro de escenografía Julio Prieto creó un verdadero mundo realista, envuelto en sendales de amarga poesía con el uso de juegos de iluminación sorprendentes, y el ingenio, la malicia y el buen gusto de Fábregas encontraron, sorprendieron, recursos insospechados para que el público pueda ver en estremecedora intimidad la vida de la familia Keller y cómo la maestra Sullivan va; poco a poco, sacando de las sombras el alma llena de luz de una desventurada criatura. No sabemos si el autor pretendió realizar un drama, pero es evidente que de su tratamiento logró un patético melodrama. El espectador sigue con creciente interés, -no obstante que sabe o presiente el final- el apasionante y dolorosos argumento. La traducción de Lucille Henderson es correcta.
Se esperaba con expectación a la actriz española Aurora Bautista, popular en el mundo de habla hispana por una sola película, Locura de amor, melodrama de Tamayo y Bauss sobre el desventurado y persistente amor de la reina Juana. En esta película la señorita Bautista se soltó el pelo, como se acostumbra decir en jerga teatral, y sorprendió por su cálida voz y su vibrante temperamento. Antes, en el teatro, como alumna de escuelas teatrales había interpretado la Medea de Eurípides, algún papel en El sueño de una noche de verano, y después la Antígona de Anouilh. También creó la protagonista de El gato sobre el tejado caliente de Williams. En España tiene fama de actriz dramática; en la pantalla no ha vuelto a |
aparecer en otro personaje de la importancia de Juana la loca. Recientemente, en Spoleto, Italia, creó la protagonista de Yerma, de García Lorca.
Aurora Bautista, es una comediante que sabe bien el oficio de representar. Por lo poco que le permite el personaje Annie Sullivan se advierte que posee un fino y caliente temperamento artístico. ¿Dramático? Esperemos a que pueda sacarlo de su almario. La Annie Sullivan es un personaje ingrato, que requiere un trabajo minucioso para lograr la difícil naturalidad de lo que parece que no se estudia. Es aquí donde reconocemos el talento de la actriz que tiene aprendido el arte de representar. Su voz es cálida, pero su acento, demasiado castellano -es oriunda de Valladolid-, contrasta, duro, con el dulce hablar de los actores de estas latitudes. Su ademán es largo, amplio, de acuerdo con la escuela española, ni mejor ni peor que la muestra, simplemente... peninsular. El público la recibió con cariño, la escuchó con curiosidad e interés y la aplaudió cariñosamente.
Yolanda Mérida creó con mucha dulzura y angustia el personaje de la madre de Hellen. Miguel Manzano compuso un personaje convencional y siguiendo esta línea no se salieron de cierto pastiche Jorge del Campo, Natalia Gentil Arcos y Yiura Lubaggi. Miguel Suárez se mostró natural y sencillo.
La auténtica triunfadora de la noche fue la niña Elizabeth DupeyrÓn, de la que diríamos si no estuviera muy manoseado el término que la encontramos genial. Es indudable que posee gran talento. En ella hay la semilla de una extraordinaria comediante. |