Existen en Francia más de 2,000 compañías teatrales de aficionados, y se da el caso de que hay autores cuyas obras no se representan más que en los teatros de aficionados y recaudan mucho más que los autores de los teatros comerciales. Guardando las proporciones, en nuestro país funcionan más de 200 grupos teatrales universitarios y algunos de franca experimentación. Resultaría tarea fatigosa para el cronista reseñar aún los más importantes estrenos o experimentos de estos grupos, y más si el cronista dispone de un número fijo de crónicas al mes y la natural falta de espacio en todo periódico moderno.
Hace una excepción para referirse al estreno en el Salón de teatro de Miko Viya -instalado en el domicilio de este animador incansable del teatro francés y pionero de la Tevé mexicana, Pánuco 170-B, de la ciudad de México-, en la octogésima quinta representación que ofrece a sus adeptos. El animador de este salón es, también, autor de teatro y ha compuesto una hermosa comedia sobre la vida y muerte de Juan Arturo Rimbaud, el poeta maldito de Francia por excelencia.
La comedia Angel en exilio: Rimbaud, consta de tres actos y un epílogo. El primero ocurre en el jardín de la casa de los Rimbaud, en Charleville, al noreste de Francia, en 1871; el segundo en el comedor de la casa de Paul y Matilde Verlaine, seis meses después; el tercero en un cuarto de hotel de tercera categoría en Bruselas, el 10 de Julio de 1873 y el epílogo el 9 de noviembre de 1891, cuando Rimbaud cuenta 37 años de edad y está moribundo en un hospital parisiense. Miko Viya repartió la obra impresa después de la representación. En una de sus primeras páginas se encuentran estas ideas de Charles Peguy -que amparan y protegen el fondo de esta obra -, que Viya hace suyas: "Así son los franceses, dice Dios, no carecen de |
defectos; más bien los necesitan; tienen muchos defectos, más que los otros; pero con todo y eso, yo los amo más que a todos los otros que no tienen defectos". El asunto que corre a lo largo de los tres actos y medio es el de la pasión de anormales que unió a Rimbaud y a Paul Verlaine, y está tratado con delicadeza, aunque con crueldad y desnudez.
Interesante figura literaria y humana la de Rimbaud, a quien se llama uno de los obreros de la primera hora del simbolismo. Nació en 1891, en olor de auténtico pecado. Verlaine escribió, después, admirables páginas sobre su amistad con Rimbaud y sobre la corta pero preciosa obra de este singular personaje, por cuya amistad bandonó a su esposa, acusado de cometer el peor de los adulterios. De él dice Verlaine que "físicamente era alto, bien conformado; casi atlético; su rostro tenía el óvalo de un ángel desterrado; los despeinados cabellos eran de un color castaño claro y los ojos de un azul pálido inquietante. Como era de las Ardenas, además de un lindo dejo del terruño, pronto de sus paisanos...". La obra poética de Rimbaud, remóntase al periodo de su extrema juventud de 1869, 1870 y 1871. En la pieza de Miko Viya se recitan algunos pasajes de Una temporada de infierno -publicada en Bruselas en 1873. Yo prefiero de Rimbaud los poemas sencillos, como éste, prodigio de tenuidad, delgado y sutil:
¡Ha reaparecido!
-¿Qué?- La Eternidad.
Con todos los soles
se ha marchado el mar.
Entre los hallazgos literarios de Rimbaud está su famoso soneto sobre las vocales, cuyo primer verso es este: |
A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul, vocales...,
que recitábamos con énfasis los preparatorianos del año 13.
La pieza de Miko Viya estuvo muy bien interpretada y dirigida -por Viya- con finura y habilidad. El epílogo, con el desfile de personajes que influyeron en la vida de Rimbaud en los instantes en que éste muere, resultó impresionante. El personaje de Rimbaud fue encarnado por el joven galán Edgar Wald, que se encuentra fisicamente como era Rimbaud en 1871. Da perfectamente el tipo, y lo vive con entrega absoluta de sus facultades, que son magníficas y que lo llevarán muy lejos, si no se tuerce o malogra. Posee Wald sensibilidad, claridad en la dicción y el sentido oculto del matiz que es secreto del buen actor. También promete mucho la señorita Gloria Álvarez que interpretó a Isabelle Rimbaud, hermana del poeta maldito. El cuadro general de interpretación es excelente y está integrado por Marisa Salinas, Atila Guarneros, Roberto Porter, Ignacio Rubial (que interpretó a Verlaine); Gloria García, Alma Madrigal, Héctor Velarde y Guillermo Hurtado.
Fue una deliciosa velada íntima la que el talentoso Miko Viya nos ofreció en su salón de teatro. Tuvimos a nuestro lado, entusiasmada de veras, a nuestra amiga de la adolescencia María Tereza Montoya, todavía y que sea por muchos años, la primera actriz dramática de habla española. |