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Estreno de Siga mi ejemplo de Howard Lindsay y Russel Crouse, en el teatro Sullivan

Armando de Maria y Campos

    La empresa del teatro Sullivan ha elegido el camino del menor esfuerzo. Consideran "Producciones Liza" y Ernesto Alonso -empresa del teatro Sullivan- que el público lo que desea es reír, distraerse, y para mantener una parroquia segura eligen, seleccionan, aquellas comedias que se presten mejor a su propósito. No siempre aciertan. ¿Será un acierto la elección de la comedia Siga mi ejemplo de Howard Lindsay y Russel Crouse? El cronista no se atreve a hacer vaticinio alguno, porque en verdad ignora qué clase de público forma la parroquia del teatro Sullivan. Acude a las funciones de estreno y se encuentra con las mismas caras y personas que acuden en iguales circustancias a otros coliseos. Porque cada uno de nuestros teatros tiene, más o menos, su público. El de los estrenos del Sullivan está formado casi en su totalidad, y en la excepción la formamos quienes pertenecemos a la crítica teatral y sus colaterales los columnistas de misceláneas, por la familia teatral, habida cuenta de que Ernesto Alonso es figura en nuestro mundillo fílmico.
    Siga mi ejemplo está construida con todos los elementos que en muchas ocasiones ha satisfecho al público. ¿Por qué no ha de gustar lo que siempre ha gustado? La comedia, anunciada como de misterio y que en realidad es de astrakán norteamericano, es una antología de lugares comunes... teatrales, que el aficionado alteatro encontrará en casi todas las piezas policiacas, de detectives y ladrones, o de misterio, como los norteamericanos en particular

llaman generalizando a esta clase de producciones. Una muerte repentina, una heredera que no sabe que no lo es; investigadores, abogados; un puñal que nadie sabe por quién fue usado, y, como fondo, diversos aspectos de la vida de los componentes de las orquestas ambulantes de los Estados Unidos de Norteamérica.
    La pieza de Lindsay y Crouse llega al escenario del Sullivan mañosa y tal vez arteramente adaptada. El cronista desconoce el original norteamericano, pero advierte los cortes y las adiciones que ya es común autorizar en lo que entre nosotros y también entre los españoles, se ha convenido llamar "arreglos". La comedia Siga mi ejemplo está muy... arreglada, casi rehecha a la medida para que luzca la gracia frívola de Carmen Prieto (a) Chula, que no será nunca una actriz en el noble sentido del término, pero que siempre será Chula Prieto en cualquier personaje que interprete, lo que no deja de ser su atractivo; arreglada y casi rehecha para que luzca sus singulares habilidades de bailarín acrobático y de maquietista el excéntrico Sergio Corona. El traductor o arreglista se limitó a acumular recursos cómicos, en tanto que el director Claudio Brook, novel en estos menesteres de la dirección escénica, trató de llevar en un ritmo acelerado diálogos y acción, lo que provocó un lapsus de Alfonso Torres -mencionando el cuchillo misterioso antes de tiempo, tal vez porque se saltó algún parlamento-, y un error en la tramoya que echó la cortina del primer acto antes de tiempo,

escamoteándole al público un golpe teatral hábilmente preparado por el autor. La mayoría de los actores aceleraron el ritmo natural en los diálogos, haciéndolos a ratos ininteligibles y tropezando con frecuencia. Ya encontrarán la vivacidad apropiada, que no es lo mismo que celeridad desbocada...
    Chula Prieto está encantadora; está como es ella. Ahora luce en toda su belleza, porque en relampagueante escena aparece en combinación corta, transparente, iluminando la sala con sus muslos de plata y luna; dice muy bien los chistes y está muy chula... Prieto. Sergio Corona crea un pintoresco personaje de adolescente que aspira a ser baterista y qué... no sabe lo que es una mujer. Su actuación es exelente y del mejor gusto porque el personaje es difícil, aunque no tanto para él, que lo viste como si estuviera hecho a su medida. Aparte de estos dos elementos, destaca por mérito propio, por su veteranía y dominio de la escena, Alfonso Torres. Colaboran, cada uno dentro de sus posibilidades, en la veloz acción de esta entretenida comedia, Tamara Garina, Víctor Eberg, Alberto Galán -maquillado extrañamente-; Jorge Mateos, Felipe del Castillo, Antonio Aragonés y Marco Antonio Cataño.
    El decorado costruido por Felipe de Jesús Espinosa es funcional y de buen gusto.