El viaje de la vida o una nueva aventura de Agamenón, en el teatro del Granero Armando de Maria y Campos |
Otra vez la tragedia griega en nuestros escenarios, ahora en teatro círculo y, claro con la intervención de Xavier Rojas, especializado en posturas escénicas en círculo. Personalmente, no creo en el teatro en círculo, pero puesto que nuestra misión no admite excusas aceptemos el teatro círculo con todas sus agravantes y escasas atenuantes. Tragedia es, como se sabe, la representación de una obra extraordinaria, interesante y grande, en la que intervienen personajes de muy alta calidad, imitada con la posible verosimilitud y belleza. La acción trágica debe excitar entre los espectadores los sentimientos de terror y de compasión, fundados en la grandeza de la acción y en el carácter heróico de los personajes que luchan contra los acontecimientos adversos, quedando envueltos en terribles desgracias. |
Homero llevó a su Iliada maestra las andanzas de Agamenón. En las aventuras del hermano de Menelao intervienen, como en casi todas las tragedias griegas, la espada y el sexo, la guerra y el tálamo. Diré algo, muy breve, sobre Agamenón, para que el espectador contemporáneo observe hasta qué punto es difícil volver interesante para el público de ahora las aventuras de los griegos y en particular la de este átrida singular. Cuando Elena, esposa de Menelao, fue robada por Paris, los dos hermanos llamaron a todos los demás príncipes de Grecia, y reunidos en Argos acordaron la guerra y nombraron general en jefe a Agamenón. Este se resistía a echarse al mar, y su debilidad, recogida en la versión de Cobey, le costó la vida a su hija Ifigenia. Parte, permanece diez años fuera de su reino, guerreando. Mientras tanto, su esposa se hace acompañar en el tálamo regio por el joven Egisto. Los griegos fueron los precursores, trágicos por cierto, como cualquier valentón de Los Altos de Jalisco, del vodevil que concluye con tres o cuatro muertes. No faltan en la versión de Herbert T. Cobey, como en ninguna de las piezas que sirvieron de inspiración a diversas tragedias, en diversas épocas. En la literatura antigua han quedado las de Esquilo y Séneca. En las modernas las más conocidas son: en Francia las de Boyer y Nep., Lemercier; en Italia, las de Dolce y Alfieri; en Inglaterra la deThompson, y en España y en consecuencia en |
Hispanoamérica, el Agamenón vengado de García de la Huerta. A estas hay que agregar ahora esta norteamericana -¿o será inglesa?- de Cobey, no superior, por supuesto, a ninguna de las mencionadas. |