A ocho columnas de Salvador Novo, en el teatro Milán Armando de Maria y Campos |
La devoción que Salvador Novo siente por el teatro se ha manifestado a lo largo de tres décadas en diversas formas. Primero, en los remotos tiempos de la aparición del teatro de Ulises, a principios de 1928, del cual fue principal animadora una inquieta mujer de acción, Antonieta Rivas Mercado, después, como actor y traductor en 1932, en el movimiento conocido por Orientación y en seguida y con mayor fuerza a partir de la época en que se hizo cargo de la dirección del teatro oficial durante el gobierno del presidente Alemán, hasta ahora en que, retirado de las tareas burocráticas, continúa cerca de las candilejas con motivo de la reposición, en el teatro Milán, de su pieza de tres actos A ocho columnas, coincidiendo con una apasionada polémica entre máximos dirigentes de la prensa nacional a propósito de sanear el clima periodístico, tema viejo en México, por supuesto después de los primeros años de nuestra emancipación de España. |
malevolencia de la opinión pública no hubiera hecho ya circular entre círculos conectados con la vida económica de los grandes diarios de México. Como lo que se dice en la obra de algunos personajes coincide con ciertos rasgos biográficos de algunos capitanes del periodismo, la clave dejó de serlo y la pieza de Novo, independiente de los valores literarios y teatrales, se consideró como un documento de la vida interior de un gran diario a que el propio Novo había pertenecido, y por eso conocía y estaba en aptitud de denunciarlo. Después A ocho columnas fue representada por grupos de aficionados en teatros de varios estados de la República, y editada. |
que era sanchezmejiísta, y así resultó que todos los elogios al sevillano Mejía quedaron a favor del mexicano Gaona. El berrinche periodístico de Buendía no es para ser descrito -yo fui testigo de él por circunstancias que no viene al caso enumerar-, y el regocijo de De la Parra que se las sabía todas en esta profesión como el director del imaginario diario de Novo, hizo época en las redacciones de los periódicos de aquellos años. La cosa no llegó a mayores, porque en la profesión periodística hay, como en las boticas bien surtidas, según afirma el viejísimo refrán, de todo. Mucha culpa de ello la tienen los anunciantes, los accionistas, los políticos que dan, los administradores que reciben y, sobre todo, los lectores, que para preferir a este o aquel periódico, piden cada mañana más y más cosas sabrosas. A ocho columnas de Salvador Novo, quedará como un valioso testimonio de un periodismo en que él intervino -es periodista desde hace cerca de treinta años-, tan semejante a otros, fenómeno y consecuencia de la vida contemporánea. |