Miguel Mihura ha inventado su teatro. Y esto no es nada fácil. Si se supone que el teatro fue inventado por el hombre hace siglos, se preguntará el lector, incrédulo, ¿cómo es que Miguel Mihura ha inventado su teatro?... Lo mismo que lo inventó Pedro Muñoz Seca e igual que lo hizo después Enrique Jardiel Poncela. Nada nace de la nada, y el teatro que ha inventado Mihura desciende del de Jardiel. No niega Mihura, por otra parte, el parentesco de su teatro con el todavía asombrosamente fresco y novedoso de Jardiel Poncela. El de Mihura es menos extravagante, menos dificultoso y más sentimental. Corre por el teatro de Mihura una venilla azul de melancolía y ternura. Y es que no en valde el tiempo pasa y las formas y los modos de la escena varían de acuerdo con la vida que llevan los autores. Qué distintos de los años del teatro de Jardiel Poncela a éstos del teatro de Miguel Mihura. Ahora parece que un velo de comnprensiva serenidad y de resignación consciente da un color distinto a las cosas. Porque todo es según el color del velo que las envuelve.
La comedia Maribel y la extraña familia, reciente estreno en la Sala Chopin, es una primorosa pieza realizada con técnica maestra. No escapa al cronista la observación de algún espectador de fina sensibilidad: el tercer acto es convencional. Casi todos los últimos actos de las piezas de intriga son convencionales, porque hay que atar cabos, resolver problemas y llegar a conclusiones. Pero aun así la magia de lo inverosímil, de lo corriente y vulgar de la vida, de lo imprevisto, justifican todo lo que pasa en esta comedia tan amorosamente trabajada por un autor de ingenio facilísimo y original como hay pocos en España y fuera de España. Si no existiera una tácita consigna para rebajar o neutralizar cuanto nos llega de España, a nadie |
extrañaría que se considerara a Mihura como un autor con genio y con ingenio, ¡nada menos que inventor de un teatro!
De las situaciones más increíbles Mihura compone una trama, la injerta en un argumento, y la desarrolla con el propósito directo de hacer reír con procedimientos y recursos originales en el teatro español y aun de otros países. Encontrado el asunto, crea los personajes que son a la vez reales y teatrales, siempre verosímiles, y los mueve dentro de una poderosa originalidad que divierte y entretiene al espectador; le humedece el corazón con unas gotitas de ternura y hace real y posible lo que en la vida común parecería inverosímil.
Maribel es una muchacha de la vida, que hace la carrera, a la que un joven provinciano confunde con una señorita moderna y, sin declararle su amor, la lleva a casa de sus tías, que forman una extraña familia. La joven prostituta acompaña al joven tímido a su casa creyendo que va a cumplir con su oficio, pero el joven, cateto, ingenuo, inexperto y sencillo, como ella le ha dicho que le quiere, da en suponer que es su prometida y como tal la quiere presentar a su madre y a su tía, dos viejecitas de costumbres extrañas pero sanas, tan extravagantes que parecen disparatadas. De tan absurda e ilógica como pueril situación, Mihura saca una comedia llena de sorpresas. Inventa con trozos de realidad una mágica y tierna ilusión, y no obstante que hace desfilar a tres prostitutas jóvenes y concienzudamente zafias, se desenvuelven - son chicas muy desenvueltas y por eso simpatizan a las viejecitas-, en un ambiente de gracia, comicidad y ternura. Eso es todo, y eso es tan difícil de realizar en el teatro que sólo en una línea de superación y de depuración constantes puede llegar a subrayar una fórmula escénica donde el |
lirismo y el humor se mezclen en la vena de un teatro nuevo, sorpresivo, inventado.
La comedia Maribel y la extraña familia, principia con una escena de visitas alquiladas que es una maravilla de ingenio fácil y de fresca originalidad. Es una escena de antología para una antología del teatro universal.
La interpretación de Maribel y la extraña familia, es acertada por parte del bien seleccionado conjunto, que con transparente sencillez dirigió Manolo Fábregas. Doña Prudencia Grifell está insuperable o, para ser más justos, se supera a sí misma, lo que parece una afirmación excesiva. Así es, sin embargo. Ella da el tono real al humorismo inverosímil de su personaje, y con él de todo el resto del reparto. Sonia Furió, que al principio subraya demasiado su personaje de prostituta joven, ignorante y zafia, alcanza al final momentos de conmovedora emotividad. Eric del Castillo realiza con mucha naturalidad la timidez de un joven que no llega a tonto y que es bueno como el pan, cuando el pan es bueno. El coro de prostitutas jóvenes integrado por Carolina Barret, María Esther Gamas y Alejandra Meyer anima extraordinariamente la acción. No sabría uno, sin ser injusto, afirmar quién está mejor, porque las tres se desbordan en gracia, comicidad y simpatía. Completan el reparto, sin desentonar Manolo García y Roberto Meyer.
Maribel y la extraña familia de su novio Marcelino muy pronto harán la mejor amistad con los mejores familias de México, porque son dignas de que nuestras familias hagan una visita, también de paga aunque en otra forma, a la casa de doña Paula, doña Matilde y Marcelino. En ella encontrarán a Maribel y a sus amigas Rufi, Pili y Nini y... pasarán un rato agradable. |