Profesor, representante de
la sociedad; después la adolescencia y la madurez en las que vuelve a
encontrarse ante otros representantes de esa sociedad que se engaña a sí misma,
que trueca lo que pudieran ser sus valores espirituales por intereses
bastardos, que ha hecho de la cultura una cárcel; del amor, un comercio o un
intercambio de agresiones embadurnadas de costumbre, de conformismo, de rencor,
de frustración compartida.
La calidad de la interpretación de Lourdes Canale, en esta ocasión es bien superior a todo lo
hecho por esta actriz con anterioridad,
inclusive su trabajo en el teatro japonés “Noh Moderno” que llevó a cabo hace algún tiempo en el Teatro del Granero.
Carlos Ancira vuelve a ser el gran actor que se transforma, que derriba las fronteras de una
personalidad, para llegar a tener tantas como infinitas pueden ser el número de
personalidades que habitan en las páginas de la historia teatral. Carlos Ancira, por la calidad de su interpretación, nos recuerda
la época de Fin de partida, La lección, Las sillas, La sonata de los
espectros, obras en las que se perfiló como el más grande actor de nuestros
escenarios; y Carlos Ancira sigue siendo el múltiple,
el mutable, el profundo, el único.
Carlos Bribiesca,
por primera vez en el equipo vanguardista de Alexandro,
logra una interpretación bastante completa del Profesor, hay en él todo cuanto
pudiera pedirse: voz, agilidad, expresión, precisión en su mímica, emoción.
Elda Peralta, recordando bastante su
trabajo en La sonata de los espectros,
logra una actuación sobria, a la vez que emotiva, es junto con la que hizo en
aquella obra, una de las mejores interpretaciones que ha realizado esta actriz,
entusiasta del teatro nuevo. Un actor que es una revelación es Humberto Huerta,
quien hace un magnífico trabajo.
Un corazón en la corteza. Teatro 5 de Diciembre. Autor: Óscar Ayala.
Dirección: Alejandro. Reparto: El mismo
de La señora en su balcón.
El programa que dirige Alexandro es de dos obras mexicanas y así como fue un acierto la selección de la pieza de
Elena Garro, así, esta de Un corazón en
la corteza, de un autor que se firma con el nombre de Óscar Ayala, puede
decirse no sólo que no fue un acierto, sino qué es lamentable el que haya sido
escogida por Alexandro.
La obra tiene la pretensión de ser de vanguardia
y trata de justificar el serlo, poniendo
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como personajes
hombres piedra y “bestias”, además de una pareja atada con una cadena, que
según explica el autor -¡ah!, porque eso sí: cada cosa que escribe, la explica
meticulosamente, como si el público no tuviera ojos y cerebro para sacar por sí
mismo sus conclusiones- la forman los eslabones de las costumbres que hay en
cualquier liga de tipo conyugal.
Este género de obras son las que
desprestigian al teatro vanguardista, ya que caen en la cursilería y en el lugar
común, aunque estén disfrazados y ocultos tras acciones insólitas; estos
autores toman muy en serio eso de que el teatro de hoy es el “teatro del absurdo”
y creen que mientras más absurda sea una acción, la obra es de mayor calidad.
Parece que el autor haya visto aquella obra que se montó en la Sala 5 de Diciembre (también) hace varios años, en la
que actuaba Carmen Montejo y Rafael Banquells, y que era la historia de una pareja que empieza
mostrando las primeras ilusiones, después las pequeñas desavenencias, para terminar
en el engaño y por fin en el perdón. Sólo el tratamiento está ligeramente cambiado,
aunque la historia es la misma, sin embargo, la cursilería de esta obra de Ayala
supera con mucho a la que pudo tener aquella obra que no presumía de
vanguardista.
Pero el personaje que da el remate a la
obra, haciéndola que se derrumbe al más profundo
abismo del mal gusto, es el de “la bestia”, que según anuncia el autor es el
símbolo de “los celos” y cuya intervención es nefasta para la obra, cada
parlamento es no sólo absurdo, no sólo pobre, no sólo chabacano, sino que llega
al ridículo. Es una lástima que el esfuerzo de todos los actores y actrices que
forman el grupo de Alexandro, el del propio director
y el de la escenógrafa caiga en el vacío con esta obra de tan limitadas proporciones.
Por más que se esfuerzan, actuando con verdadero virtuosismo, el propio Alexandro hace una actuación bastante lúcida junto con Lourdes Canale, su gasto de energía constituye un verdadero
desperdicio.
Elda Peralta hace un trabajo más que
meritorio, lo mismo que Carlos Ancira y Juan de Saro,
pero el que es digno de las mayores condolencias es Carlos Bribiesca,
que se enfrenta con el peor personaje que haya tenido que interpretar en su
brillante y ya larga carrera de actor: el de “la bestia”.
La escenografía y
el vestuario de Lilia Carrillo son extraordinarios y de un buen gusto
increíble, cosa que junto con el trabajo de los actores y del director, hace
gran contraste con la calidad ínfima de la obra.
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