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Diálogos de carmelitas, en Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

    Georges Bernanos, prematuramente desaparecido en 1948 a los 60 años de edad, ha dejado un nombre muy grande y muy bello en la literatura francesa. Entró en ella tardíamente, pero con pasión, desplegando una visión del universo más cristiana que católica, de un catolicismo tenso, casi paradójico. Como novelista, creó un mundo divino y demoniaco, dominado por la presencia de dos fuerzas sobrehumanas, en luz y tinieblas. Georges Bernanos es conocido en el mundo cinematográfico y teatral por sus Diálogos de carmelitas, al parecer concebidas para un guión cinematográfico y de los que también se ha hecho una pieza de teatro representada con éxito en las grandes capitales europeas y americanas.
    Sabido es que Bernanos intentó un guión cinematográfico sobre el cañamazo de la novela escrita en alemán por Gertrude von Le Fort con el título de la última en el patíbulo, pero que la película no llegó a rodarse. Y que ese guión fue adopatado luego al teatro por Marcelle Thasencour y Albert Beguia.
    Bastantes años después de su éxito en París y en Madrid, para no citar sino a los más considerables, llega a nosotros en condiciones desconcertantes, porque ha sido dirigida por un director que parecía haberse especializado en obras de la más baja calidad artística, e interpretada, salvo dos o tres excepciones, por elementos de escasa categoría artística. Sin embargo, anticipemos que la dirección del señor José de Jesús Aceves es correcta, apoyada principalmente en efectos luminotécnicos y también en el uso de un lento escenario giratorio. La composición plástica de los personajes no es ajena a las múltiples fotografías extranjeras que han circulado por el mundo.
    Diálogos de carmelitas tuvo en Europa el éxito a que era acreedora. constituyó una ráfaga de aire fuerte y sano en un teatro demasiadas veces invadido por soplos mefíticos. Aun aquellos que no piensan como las heróicas mujeres, no pueden menos de admirar el acierto

con que Bernanos planteó el problema artificial a la par que físico del miedo ante la muerte. En los Diálogos de carmelitas la lucha no se entabla con los enemigos de fuera, sino entre el instinto de vivir con un deber que nadie parecerá estimar.
    Ante esas monjas levántase la frase de la Biblia: "Frente a ti están la vida y la muerte; se te dará lo que quisieres". En efecto, a cualquiera de esas pobres mujeres que no parecen preparadas para un heroísmo sin aplausos, les bastaría una palabra, un abandono de sus votos, para que tuvieran asegurada no sólo la existencia material sino de sus contemporáneos.
    Diálogos de carmelitas viene a ser la historia de las dieciséis carmelitas de Compiegne, ejecutadas durante "el terror" en Francia.
    El texto que dejó Bernanos parece pura materia para un drama; posibilidad de un gran drama; se antoja una serie de apuntes dialogados. El mismo título parece disparatado, como si se tratara de un título de carpeta de trabajo, pero en modo alguno de un título de obra literaria.
    En el Schauspielhaus, de Zurich, se estrenó esta pieza con un buen título más certero: El miedo y la gracia. En realidad, Diálogos de carmelitas es un desarticulado texto. Se trata de un despliegue antidrámatico de cuadros. En rigor de verdad, de una pieza dispersa.
    La acción sufre de arritmia. Considerada estrictamente como una creación dramática, sobran y faltan cuadros. Diálogos de carmelitas no pudo haber tenido más cuadros, o menos; el número de cuadros es lo de menos. Podría tener más y ser un drama perfecto. Se le podrían suprimir dos o tres y "la historia" no perdería nada. ¿Teatro cinematográfico? Somos de los que creemos que el teatro puede ser fotografiado, pero que el cine no puede materializarse en teatro, aplicándolo, sin más, a todo el teatro desplegado en un número crecido de cuadros. La ortodoxia del drama exige que cada cuadro sea una pieza esencial y desemboque normal y necesariamente en el

siguiente, con el que se produce una línea de acción dramática pura, sin ganga narrativa o descriptiva. Diálogos de carmelitas abunda en cuadros documentales o descriptivos, que nunca estorban en una novela o en un film.
    El éxito mundial de Diálogos de carmelitas es fenómeno del momento crucial en que vivimos. Cuando el público en general suele estar convencido de que el único tema digno de ser tratado por el teatro es el del amor, especialmente el del amor ilegítimo, el del amor-pasión, Bernanos viene a decirnos que la humanidad no se muere tan sólo por el apetito sexual y, habiendo estudiado la humanidad que lo rodeó, percibió todo lo que puede en ella el miedo a la muerte, la cobardía.
    El éxito de público culto que alcanzará Diálogos de carmelitas está descontado, no así el que depende del público curioso. A éste le parecerá la obra lenta y confusa. Al final se interesará por la suerte que corren las abnegadas carmelitas. Y se sumará al aplauso que merecen, en primer término, Berta Moss, principalmente por su forma humana de matizar, secreto teatral que no logran descubrir muchas que pasan por los escenarios con categoría de actrices y que en verdad no lo han sido, porque no saben, ni sienten lo que dicen. Igualmente aplaudirá a Hortensia Santoveña, a Carmencita Molina, a Marilú Elízaga -un poco envarada y un mucho regañona como forma de extremar la severidad- y a Luz María Aguilar, muy discreta en los primeros cuadros y desorbitada, desbordada en gritos -qué difícil es saber gritar en escena- en últimos.
    Diálogos de carmelitas es un espectáculo presentado con gran dignidad artística, como corresponde a la solvencia de quienes manejan los asuntos de teatros en el Instituto Nacional de Bellas Artes.