Los cuervos están de luto de Hugo Argüelles, en el teatro Jorge Negrete Armando de Maria y Campos |
Un rotundo éxito de público constituyó en el teatro Jorge Negrete el estreno de la tragicomedia Los cuervos están de luto, del autor mexicano Hugo Argüelles. Su título desconcierta porque no se adivina que detrás de él alienta una animada tragicomedia mexicana en la que se ironiza con la falta absoluta de seriedad con que algunos sectores de nuestro pueblo no muy cultivado tratan a la muerte. |
agonizante se resiste a dejar la vida. Se le ocurre, al infeliz, llamar a sus tres hijos para despedirse de ellos, y a la vez comunicarles que como uno de ellos no fue engendrado por él, no disfrutará de herencia. ¡Oh, rencor de anciano cornudo! ¡Oh, temor de las nueras de que el hijo espurio resulte ser su marido! Llegan las vecinas al velorio a rezar las consabidas oraciones, y se les tiene que confesar que el velorio está en vigor, pero que se trata de velar a un vivo. Todo esto, relatado en forma llana, parece un chascarrillo, pero Argüelles tiene el talento de convertir estas situaciones, cargadas de recursos cómicos, de chistes macabros mañosamente preparados, en bosquejos y reacciones del más crudo egoísmo humano. Las dos nueras parecen ser abortos del infierno; los hijos casados se dejan dominar por sus mujeres. El soltero, en el supuesto de ser él el hijo adulterino, les recuerda a sus hermanos que, de cualquier manera, los tres son hijos de la misma madre y les pide por favor un poco de respeto para la madre falta de fidelidad al hogar. A todo esto, el enfermo muere y como el velorio se ha frustrado, no se les ocurre a las nueras otro recurso -certeramente teatral- que llamar a los borrachitos de las cantinas y pagarles, según costumbre en algunos pueblos, de acuerdo con lo que ejecuten en el velorio como simples dolientes, lloriqueantes protegidos del muerto o afectados hasta el trance epiléptico o desmayo. Mitad en serio, mitad en broma irónica, |
Argüelles juega con agilidad y seguro conocimiento de causa, y el público [oración incompleta en el original, N. del E.] en vez de la copa de bacardí que ya es habitual en los estrenos, se sirvieron jarritos con negro café, y será coincidencia o tal vez fino recurso irónico, a la salida del espectáculo, los espectadores vimos un carro de funeraria ¿para llevarse al personaje que acaba de morir? Al cerrarse la cortina, el público se volcó en entusiasta ovación para autor e intérpretes, todos excelentes en sus respectivos personajes. |