Un autor alemán muerto entre dos fuegos Armando de Maria y Campos |
Una amable y comunicativo amigo mío -comunicativo porque se complace en comunicarme noticias relacionadas en el teatro alemán que considera me interesan-, me informa que no ha mucho tiempo se ha repuesto, al través de la televisión alemana, el drama de Wolfgang Borchert, Draussen vor die Tiir (Fuera, ante la puerta). La presentación - me comunica mi amigo- ha constituido uno de los mayores éxitos teatrales que se ha apuntado la Tevé durante los últimos tiempos. La Tevé en Alemania Occidental no tiene comparación con la que hacemos en estos paises de América, de Texas abajo, imitación de la de Texas arriba. No se transmiten tres o cuatro comedias diariamente. Una, muy bien ensayada y montada ¡sin mutilar!, cada mes, y por eso cada representación constituye un acontecimiento. La representación del drama de Borchert mereció crítica unánimemente favorable. |
del materialismo que envuelve la vida moderna. La inteligencia tiene su precio, como lo tiene el corazón o el maíz. Wolfgang Borchert, la más firme promesa de las letras noveles germanas, surgió en las tácticas perspectivas alemanas de 1945, súbitamente, y del mismo modo, desapareció. En Alemania no había nada escrito por aquel entonces; un par de cuartillas enterradas de este o aquel escritor, que fueron absorbidas por los editores casi antes de ser sacadas a la luz del sol. Borchert no tenía tampoco casi nada escrito, pero sí mucho que escribir. |
lentamente se puede llamar vivir. Escribió de lo que le oprimía el corazón. Maldice la guerra, y en su obra Draussen vor die Tiir, de impresionante crudeza, condena los horrores pasados. En este drama se describe el doloroso retorno de un soldado procedente del frente ruso. Sus padres han muerto, su casa ha sido saqueada y ocupada por seres que sólo pueden equipararse a aves de rapiña. Llama a varias puertas, y la única que le abre es la mujer de un compañero muerto en la batalla. Renuncia al amor de esta mujer y, lentamente, arrastrando su cuerpo, apenas vivo, se pierde en las calles solitarias del puerto hamburgués, camino de la eternidad. |