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El ideario de un mendigo millonario o estreno de Dios se lo pague de Joracy Camargo, en los teatros Arbeu e Ideal

Armando de Maria y Campos

    De los tres teatros de comedia que el Sábado de Gloria abrieron la pascua teatral -en el de Bellas Artes se representó en español una versión francesa de la Antígona de Sófocles- dos eligieron una misma pieza estrenada y representada en el interior desde hace muchos años -(Novedades, marzo 27)- Dios se lo pague, del gran autor brasileño Joracy Camargo. Desconcertado el público ante tan inusitado, aunque no nuevo, procedimiento de las empresas Ideal y del Arbeu para disputarse el favor del público, vaciló en la elección, decidiéndose al fin a dar su preferencia por la versión que todavía ofrece la compañía de Andrés Soler y Felipe Montoya, garantiza por las mil ochocientas y tantas veces que Soler ha representado esta obra, desde 1936 en que la estrenó en Santiago de Chile.
    Dios se lo pague es una bella, fuerte y conmovedora comedia realista que aún se representa con éxito en los teatros del sur de América. Su técnica es sencillísima -dos mendigos dialogan a la puerta de una iglesia; uno le refiere al otro incidentes cruciales de su vida, que, enseguida, ve representar el público en tres cuadros de acendrado guiñolismo-, pero su fuerza radica en los diálogos prologales y epilogales y en lo que en todo momento dice el mendigo millonario protagonista, eje de la obra, filósofo de la calle, cuyas sentencias, aforismos y proloquios acaban por convertirse en un auténtico bombardeo filosófico que alcanza resultados atómicos para la sociedad contemporánea -(la de 1933 no difiere gran cosa de la de 1948, a pesar de lo ocurrido en Europa desde el levantamiento de Sanjurjo, Mola y Franco en España hasta la muerte dizque del hijo de Mazaryk en Praga, hace unas cuantas semanas)- recibido con estupor y júbilo por el público que lo aplaude y comenta, manteniéndose al borde del entusiasmo, que desborda al final de cada acto, sin dejar de interrumpir a Soler en cada momento porque el éxito arrollador que confrontan público y obra en el Arbeu se debe muy particularmente a las calidades de gran comediante que privan en el gran actor mexicano, que dice cuanto piensa el mendigo millonario con ese matiz privativo de quien no sólo domina la obra como gran histrión, sino que la dice -su dicción es clarísima-, con matiz múltiple, con sobria y certera emoción.
    ¡Qué amarga y demoledora, pero qué simple y auténtica la filosofía de un mendigo a la fuerza, que llega a hacer millones pidiendo -¡Dios se lo pague!- a las puertas de los templos católicos!...
Dos mendigos, el profesional y el novato hablan mientras entran y salen, y dan monedas, los fieles católicos. -¡Parece que usted nació mendigo!, dice el novato. -No, por el contrario,

¡nací trabajador! ¡Luché mucho por la vida! ¡Lucha desigual! Yo era un pobre operario con la cabeza llena de sueños.. Estuve a un paso de la fortuna... -¿Hace mucho tiempo?, curiosea el mendigo impreparado. -Hace 25 años... Le voy a contar...
    Y el mendigo ya millonario cuenta, y su narración se hace teatro a la vista del espectador, hace filosofía, y, también, y en esto finca su éxito de público la obra del brasileño Camargo, teatro, mucho teatro.

    Como trabajar no siempre es posible, resolví pedir limosnas antes que verme obligado a robar. Pedir da menos trabajo. Antiguamente todo era de todos. Nadie era dueño de la tierra, ni del agua, ni del aire. Hoy, cada pedazo de tierra tiene un dueño y cada vertiente de agua pertenece a alguno. ¿Quién se los dió?
 Abandoné la sociedad y resolví pedirle lo que me pertenece. Exigir es impertinencia: pedir es un derecho universalmente reconocido. Causa placer a quien se pide y no provoca envidia. ¿Usted no ha reparado en que nadie está contra el mendigo?... ¿Por qué será? Porque el mendigo es el hombre que desistió luchar contra los otros.

    Puesto en el trance de pedir, me vi obligado a enriquecer.

   El mendigo millonario y filósofo lleva una doble vida. Pide durante el día y vive fastuosamente, claro que con una mujer joven y bella a su lado, por la noche. Le dice al otro mendigo:
   Tiene veintiocho años y ya piensa como yo. Raro y sorprendente, ¿verdad? Arreglar a dos enemigos irreconocibles: la mujer y la vejez. Las mujeres desean vivir eternamente... pero siempre jóvenes. Empezar a envejecer es una invitación a las conciencias para que se vuelvan más puras... Mi mujer tiene miedo de envejecer a mi lado.

   Los hombres sin responsabilidad económica no deben hacer declaraciones de amor, le dice Nancy, la amante del mendigo millonario, al joven con quien lo engañará al fin. La amante del mendigo ignora que este se enriquece pidiendo limosnas; se siente deslumbrada de curiosidad por las palabras de fuego de un joven pobre y bello. Primero cree que:
    -Un centavo de un joven vale mucho más que cien pesos de un viejo. Pero en seguida:
- El amor pertenece al dinero.
    La traición se consuma. El mendigo millonario, filósofo, deja que las cosas sucedan. Vuelve resignado a pedir limosnas, después de

  haberle revelado a la amante su verdadera identidad: -¡Yo soy un vulgar mendigo de puerta de iglesia!
    Sutil, tremenda venganza la del filósofo mendigo millonario:
    -Para una mujer vanidosa -¿déme una que no lo sea?- debe ser ridículo haber vivido con un mendigo. La hice feliz todo lo que pude. ¡Y ahora la he hecho tomar horror a la felicidad! ¡La figura del mendigo no se apartará más de su memoria! ¡Nunca más podrá trasponer las puertas de una iglesia! ¡Nunca más dará limosnas! ¡Sentirá asco por el dinero! Será su continuo martirio, porque verá mendigos, iglesias, dinero, por todas partes.
    Pero el mendigo, al fin filósofo, ignora verdaderamente el alma de la mujer. La infiel le busca por los atrios de todas las iglesias. Llega hasta donde los dos mendigos dialogan. El mendigo millonario adelanta el sombrero destrozado:
    "El otro mendigo se levanta y va a buscar a Nancy -dice la acotación- tomándola de la mano y trayéndola junto al mendigo y los acerca para que se reconcilien. Ellos se abrazan. Mendigo al otro:"
    -¡Dios se lo pague!

    Bella y conmovedora, gran pieza de teatro la de Joracy Camargo. Magnífica, sobria, humanísima la creación que de ella hace Andrés Soler. El público de México tiene una rara oportunidad de ver a un gran comediante haciendo una comedia en verdad excelente.