Micaela. Teatro Sullivan.
Autor, Joaquín Calvo Sotelo. Dirección, Julián Duprez. Escenografía, Abel Cano. Reparto: Lorenzo de Rodas, Tony Carbajal, María Idalia, Luis
Aragón, Luis López Somoza, etc.
Hay obras teatrales que son verdaderos
documentos sociales gracias a los cuales puede conocerse el ambiente de un
país, sus costumbres, sus dramas o simplemente sus preocupaciones. Tal es el caso de Micaela, de Joaquín Calvo Sotelo.
Micaela quiere ser una comedia, pero lo
que puede verse en ella está muy lejos de lo que pretende ser. A través de sus
personajes y de la situación que se crea, puede adivinarse la tragedia de un
país, en el que el sacerdote no es sólo un servidor de Dios, sino el amo y
señor de cada familia, con mando y gobierno en cada hogar.
El ambiente en el que se sitúa la comedia
representa la provincia atiborrada de prejuicios, en donde nadie puede moverse
sin que cada movimiento no sea vigilado por todo un pueblo.
A pesar del ingenio que trata de demostrar
el autor en su anécdota, desde otro punto de vista, la obra refleja la
inconsistencia de un teatro que no tiene ambiciones, que no busca una condición
artística, sino una forma de huir del pensamiento.
Si el teatro español está reducido en
términos generales a esas libertades y atrevimientos, es muy de compadecerlo, y
si Lope de Vega reviviera, él mismo lo compadecería.
¿Dónde está la producción teatral
española, representativa, combativa o de búsqueda hacia algo nuevo, que hable
de lo que preocupa a su pueblo, o que procure abrir nuevas trayectorias dentro del
campo puramente estético?
De no ser La camisa pieza de denuncia, de Lauro Olmo, que conocemos gracias a
la publicación que de ella hizo la revista Primer
Acto, a México sólo llegan los ecos de Ruiz de la Fuente, con sus
obras truculentas, de Iriarte, de Alfonso Paso y ahora esta voz
poco afortunada de Joaquín Calvo Sotelo que coincide
con la de esos autores en su banalidad.
Así como se habla del teatro de
vanguardia, debiera hablarse del teatro de retaguardia, y éste indudablemente
sería el teatro español. Ahora bien, los actores que interpretan esta comedia
no tienen ninguna culpa de las deficiencias del autor salvo Lorenzo de Rodas
por haberlo escogido, y muy por el contrario tratan de hacerla divertida,
aunque mal pueden hacer gozar las muecas de un agonizante, pues mucha es la
diferencia entre una comedia que hace una crítica de costumbres y que se mofa
de una sociedad caduca o ridiculiza los vicios de la época que le toca vivir, a
otra que es consecuencia de esos vicios y que trata de divertir a aquellos que
los producen, acatando de antemano sus costumbres.
La dirección de Julián Duprez es correcta, con detalles muy bien hallados, llenos de gracia. Todo el juego
escénico de los hermanos, con sus despedidas, bendiciones y coincidencias, está
logrado a la perfección.
Lorenzo de Rodas
y Tony Carbajal hacen una mancuerna ideal y bordan materialmente sus papeles
con gran finura, haciendo alarde de actuación que es muy de
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