Los cómicos no han negado nunca su participación espontánea para cualquier manifestación de raíz religiosa no obstante que durante siglos la Iglesia los tuvo en entredicho. Con motivo de la beatificación de San Felipe de Jesús y dándose cuenta que el dinero falta, contribuyeron a darle mayor esplendor a los actos que se acordó para que el primer santo mexicano fuera festejado de acuerdo con la devoción que inspiraba.
Las compañías del Real Coliseo de la ciudad de México, organizaron dos funciones cuyos productos fueron destinados a acrecentar los fondos para celebrar su patronato. Conservo ejemplares de estos rarísimos programas. El primero dice: "Continuando las Compañías de este Real Coliseo su piadoso celo por la solemne canonización del glorioso mártir de San Felipe de Jesús, han destinado, para tan laudable fin, el producto de una función teatral que procurarán desempeñar a satisfacción de este público, con las piezas siguientes". Las piezas fueron de representado, de cantado y de baile. En las de representado figuraron una pieza nueva titulada A pícaro, pícaro y medio; El negro sensible y El gato de España. De cantado, unas Boleras nuevas por Inés García y Mariana Caracena, el sainete Las Ferias del puerto de Santa María, por las mismas y por Rosalía Medina, Guadalupe de Gallardo, Luciano Cortés, Andrés Castillo y Victoriano Rocamora, y de baile El churripampli, por Ana María Acosta; y el grande, de Dido abandonada, de la composición del maestro Juan Medina.
El programa concluye con una interesante nota explicativa: "Siendo esta función dedicada para una obra piadosa tan recomendable, y no ejecutándose de cuenta de la casa, deben pagar todos los palcos y lunetas, excepto los del |
excelentísimo virrey y su familia, N. C. y señores jueces, en cuyo supuesto se suplica encarecidamente a todas las personas que ocupan dichos palcos y lunetas, que se sirvan avisar en tiempo por medio de los cobradores si los han de ocupar o no para esta función, a fin que haya tiempo de arrendarlos, y no se rebaje su importe a la obra pía si quedaran vacíos. La paga será doble por orden superior".
Cinco días después se celebró otra función "cuyos productos han de aplicarse a beneficio del glorioso mártir mexicano, San Felipe de Jesús, con el fin de ayudar los gastos de su solemne canonización; y siendo ésta una obra que tanto interesa al respetable público, se espera coopere a ella asistiendo a la expectación de las siguientes piezas: Representado Herir por los mismos filos; el drama crítico en un acto titulado: Un loco hace ciento y El astuto Calimaco; de cantado: una polca por Andrea Escalona, y la tonadilla a cuatro de El arcabuceado la que se adornará con sus correspondientes evoluciones, por competente número de comparsas, acompañados de música militar y demás que requiere. De baile: la marcha Españoles la patria oprimida, cantada y bailada, con sus pasos de ataque y sus trajes alusivos al intento. La paga fue doble, "como día de fiesta".
El programa terminaba con esta octava alusiva:
Un patrono tenemos virtuoso
Que en la cruz espiró constantemente
Adquiriendo el renombre de glorioso
En honor del Señor Omnipotente:
Aplicará su empeño poderoso
Hoy, por este afligido continente
Si encuentra retribuyen los favores
Tan piadosos amables bienhechores.
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La causa de la canonización del mártir mexicano permaneció en suspenso cerca de 230 años, hasta que el pontífice Pio XI, después de observar todos los requisitos establecidos por la Iglesia para que pueda llegarse a pronunciar el fallo canónico, sobre la santificación de sus héroes, dirigió, a todas las naciones católicas una encíclica apostólica en la que anunciaba su designio de agregar al número de santos a los veintiséis mártires del Japón, entre los cuales se hallaba Felipe, y convocaba a todos los patriarcas, primados, arzobispos y obispos de la cristiandad para que reunidos en torno de su augusta persona el 8 de junio de 1862, contribuyesen con su autoridad, con sus luces y con sus oraciones, a dar feliz término a un negocio de tanta importancia para la gloria de Dios, y para los intereses de la fe católica.
Más de trescientos cardenales, patriarcas, arzobispos y obispos de todas las naciones, asistidos de un crecidísimo número de presbíteros del clero secular y regular, se reunieron en augusta asamblea en el templo de San Pedro, iluminado con tal profusión, que es fama que ardieron once mil y cien cirios, para proclamar la santificación del beato mexicano y de sus demás gloriosos compañeros. México estuvo representado por los obispos de Puebla, que lo era entonces don Pelagio Antonio de Labastida; de Michoacán, de Oaxaca, de Monterrey y de San Luis Potosí. El número de mexicanos que dió mayor esplendor a la asamblea con su asistencia pasó de diez mil. |